viernes, 27 de marzo de 2015

Aritmética y quiniela parlamentaria




Desde siempre el hombre (y la mujer) han utilizado los números para valorar sus enmarañadas relaciones con el medio que les rodea. Con el sistema romano ya en desuso (¡menos mal!) utilicemos el indo-arábigo para repasar el boleto de las cuentas que la partitocracia andaluza echa en estos días.
Hace tres años, tras las penúltimas elecciones andaluzas nos dijeron: “El pueblo andaluz ha dicho que quiere un gobierno de izquierdas”. Resultado: pacto de legislatura con IUCA-LV.

Hace dos meses, como si el sabio pueblo andaluz hubiera vuelto a “pronunciarse”, nos vuelven a decir: “Necesitamos un Gobierno con estabilidad y ahora no lo hay”. Resultado: los “primos” de jornaleros a los últimos días de cosecha aceitunera.
Hace cuatro días, el ciudadano andaluz ha vuelto a expresarse en las urnas, y la decisión vuelve a ser interpretada a su antojo: “Voy a gobernar en solitario, ahora tengo estabilidad”. Resultado: nos lo creemos.
La aritmética para tan extravagantes conclusiones no cuadra con la del común; es más, la vida propia de las cifras y las combinaciones al modo quinielístico advierten que los andaluces se han pronunciado, de forma sutil y ligeramente mayoritaria, en otros términos: ¡A repetir elecciones!

El siguiente cuadro refleja, obviando el voto afirmativo de las cinco formaciones -aunque no excluido sería el colmo- y desde el máximo disenso al máximo consenso, las 16 posibilidades de la partida de ajedrez que se libra en el tablero, resultando once favorables a la investidura, otra igualmente propicia a dicho resultado por el voto de calidad de la presidencia (empate a 47 votos), y cuatro nos llevarían a nuevas elecciones en el plazo de dos meses.


Pero si al menos el voto de los peperos es contrario -las dudas de estos días ofenden a la ética y a la decencia- las posibilidades se reducen a ocho, siendo solo tres favorables a la investidura, otra procuraría un empate a 47 votos, y 4 nos continuarían llevando a nuevas elecciones.


Si a la negativa de los de la gaviota se suma la de los votantes de Ciudadanos, las posibilidades se reducen a cuatro, siendo solo una favorables a la investidura, otra procuraría el mencionado empate a 47 votos, y otra dos nos embocarían a nuevas elecciones.


En definitiva, el papel de Podemos se antoja fundamental: si se abstiene, considerando válidas las variables reseñadas, #YoConSusana (que  continúa públicamente mostrándose contraria a un pacto con los caribeños) será investida presidenta en segunda o sucesivas votaciones.
Opciones, todas ellas, nada descartables ya que, con trampa incluida, cual Herodías del siglo XXI, el líder del partido irrumpidor ha exigido a Díaz las cabezas en bandeja de plata de Chaves y Griñán, situación que con toda probabilidad propiciará el mes próximo Pedro Sánchez, dejando al gobierno con las manos libres para estrechar las de Rivera y así enfilar al pueblo andaluz hacia los 40 años bíblicos de su peculiar “travesía del desierto”. ¡Estaría “bonito”!


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