domingo, 12 de abril de 2015

El votante español




Lo que ustedes van a ver en el siguiente gráfico no es el resultado de ningún estudio científico. No es una información sacada de una encuesta ni de ningún medio de comunicación. La siguiente pirámide es un intento de reconstrucción simbólica de los distintos perfiles de votantes que hay en España, elaborada con el único instrumento de la observación, el oído y la lectura genérica.



A) La base más primaria e irracional corresponde a los más manipulables y sectarios. Son, tristemente, los más numerosos. Les cuesta cambiar de partido tanto como de equipo de fútbol, y siempre perciben al partido opuesto como una amenaza, una plausible sustituta de las horrendas máquinas extraterrestres de La Guerra de los Mundos. El campo denominado de izquierda considera que el bando contrario favorece a la iniciativa privada para que los 'amiguetes' de los enemigos salgan ganando; mientras que el bloque de la derecha está eternamente convencido de que los amigos de lo púbico en realidad buscan el provecho personal y familiar. Para esta base no existe el punto medio, la realidad es negra o blanca, y si ha de ser de otro color, rezan para que la brocha esté en manos de los suyos. Es el caso de los que tienen estómago para ir a un mítin si no es por pura curiosidad.

B) En el siguiente nivel, mucho menos poblado, están los 'librepensadores', los que pueden razonar sin tener ataduras a ningún partido político aunque aún conserven fuertes tendencias ideológicas. El caso más normal es el de alguien que se considere de derechas o izquierdas y cambie de partido, pero no de posición en el espectro ideológico. A la hora de votar, tienen mucha más conciencia y lecturas que los sectarios del grupo A, pero nunca votarían a un partido que, en la conciencia colectiva, se identificara con el bando opuesto. Como mucho, pasan de votar a un partido a la abstención. Este grupo explicaría la pérdida de 4 millones de votos por parte del PSOE en 2011.

C-D) Este grupo es el de los llamados 'indecisos', que en España siempre se ha estimado en torno al millón y medio de personas. Puede que ahora, con el bipartidismo temblando, sean más. Pero no son demasiados. Determinan la dureza del voto de castigo. Son personas con más conocimientos y menos intereses que los grupos anteriores. Su pragmatismo les lleva a cambiar de un partido a otro con facilidad, aunque no tiene por qué deberse a un ejercicio de razón. La simple presencia en la tele de un partido o un impulso de última hora en la jornada electoral puede invitarles cambiar rápidamente de voto, incluso moverse de un bando a otro. Son plenamente conscientes de que hay una diferencia entre izquierda y derecha, pero no les importa votar una vez a unos y otra vez a otros. C y D están divididos por una línea discontínua, siendo la zona de abajo la de los manipulables (se ha dado el caso de gente que ha pasado de VOX a Podemos, movido por el mero hartazgo de la clase política) y la de arriba aquélla donde pastan los más independientes. El caso paradigmático sería el de Sánchez-Dragó, que siempre dice que vota en contra. Aunque esto habría que verlo, dado que nunca ocultó su admiración por Esperanza Aguirre y el liberalismo sin condiciones.

E) Es la élite, el grupo de los lobos solitarios de la política. Para ellos, los límites entre la izquierda y la derecha en realidad ya no existen. Son los que saben muy bien que el mundo, hoy, se enfrenta a otro tipo de paradigma, a otra división: aquellos que lo hacen bien y aquellos que lo hacen mejor. Son conscientes de que en la era global es estúpido dividir entre izquierda y derecha tanto en la política como en la cirujía, en la aviación, en la industria petroquímica o el negocio de las tiendas de animales. Se fijan en el SWOT del político (Strenght, fuerza, Weakness, debilidad, Opportunities, oportunidades,Threats, amenazas). Pueden ver más allá de la máscara que impone el marketing para penetrar en sus intenciones y adivinar el futuro de su gestión y el de la comunidad que pretende gobernar. Y pueden hacerlo al igual que todo hijo de vecino sabe en menos de un minuto si le acaban de presentar a un chalado o a una persona interesante. Y lo importante es que aquél que pertenece al grupo E piensa en todo el conjunto, no solo en su familia. Si el candidato le dice a la cara a un bombero del grupo de la Élite ''somos el partido de los bomberos'', el bombero lo escudriña con desconfianza y sospecha, como buen conocedor del fuego, que aquí algo huele a chamusquina. Lo malo de este grupo es que su representación es mínima. Es el grupo de la desconfianza, de la duda y del examen. Si superaran en número al grupo A, es decir en un mundo de Narnia, los gobernantes tendrían tal presión por hacer las cosas bien y la política ganaría tal prestigio que, de repente, descubriríamos que quizá los servidores públicos sí pueden arreglar nuestros problemas, y no crearlos.   

Los que nos movemos entre las zonas D y E, al ser pocos, tenemos poco poder para cambiar las cosas directamente. Pero sí podemos contribuir a intentar que unas zonas de esta pirámide tengan más volumen que otras. No es tarea fácil, pero así es casi todo lo que merece la pena en la vida.



http://www.eldemocrataliberal.com/search/label/Rafa%20G.%20Garc%C3%ADa%20de%20Cos%C3%ADo

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Lo suponía, Forevin! Gracias por tus comentarios.

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  2. Pues yo he ido subiendo progresivamente desde A hasta E. El típico recorrido del escéptico y desengañado con la puñetera transición. Tengo 63 años.

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    1. Me alegro mucho Curro. Bueno, debes ser especial porque hay muchos aún con 64 años en el grupo A!

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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