lunes, 4 de enero de 2016

Vox


Artículo de Sergio Calle Llorens


Vox es, básicamente, la versión moderna del nacional-catolicismo español cuyos votantes recuerdan a aquellos ciudadanos de los 80 que teniendo a The Rolling Stones optaban por mover el esqueleto al ritmo de la Orquesta Topolino; gente que vive, como dice la canción del grupo de Barcelona, “en su casita de papel” con esos muros tan finos.

Vox defiende la familia, cristiana se entiende, pero olvida en su programa electoral a todos aquellos que han decidido formar otro tipo de uniones. Una manera de imponernos a todos su moral y su forma de entender el mundo.  Una vuelta a la España de Franco donde la mujer no pudo abrir una cuenta bancaria hasta julio de 1975 y los homosexuales eran -con la excepción de Torremolinos- apaleados o encarcelados. Les ha faltado usar como reclamo electoral a ese anuncio de Soberano en el que la señora aparecía con un ojo morado. Bien es cierto que el cristianismo dio origen a la democracia, la revolución científica, los derechos humanos o la Universidad en occidente para, entre otras cosas, llevarnos a gozar de la libertad actual, pero retornar a la España de misa diaria se me antoja demasiado castigo.

Vox defiende un no rotundo al aborto. Sin embargo, algunos recordamos como en los ochenta las jovencitas sin recursos morían tratando de abortar en casa o, asistidas por curanderas cuando las de familia pudiente lo hacían en clínicas de Londres. Centros donde el 60% hablaba español y por razones obvias. Muchos años después me he encontrado a algunas de aquellas que abortaron en Londres en manifestaciones Pro-Vida. Dejemos, pues, las cosas como están ahora.

Vox defiende la supresión del Estado Autonómico para, imagino, volver a centralizarlo todo en Madrid. Bien es cierto que las autonomías han conducido a un nivel educativo en el que nuestros escolares entienden únicamente las dos terceras partes del catálogo de Ikea. Sin embargo, sería mucho más sencillo devolver las competencias de sanidad y de educación al Estado y, el resto de atribuciones podrían ser controladas por las Diputaciones Provinciales -para aquellos territorios que decidan no formar parte de autonomías absurdas-  o por esas regiones con alma de país. 
 
Vox defiende el no rotundo a la negociación con la banda criminal de ETA, pero hoy los terroristas no han logrado ninguno de los ideales por los que luchaban. A saber: ni el País Vasco es independiente, ni han alcanzado la unión con Navarra y, mucho menos con lo que ellos llaman Iparralde. Y de la implantación de una sociedad socialista, ni hablamos.

Vox nació para dar respuesta al electorado más reaccionario del PP, pero habiendo fracasado en su aventura, no creo equivocarme al afirmar que su futuro político está herido de muerte.  Algo lógico si nos atenemos a sus paupérrimos resultados en las elecciones generales con un exiguo 0,23 de los sufragios -53507 votos para ser exactos- por lo que Santiago Abascal podrá seguir teniendo hijos sin estar metido en la harina de la política.

Llegará un día en el que los votantes de Vox de hoy reconozcan cuan ridículo hicieron al apoyar ideas del siglo pasado. Se verán reflejados en aquellos mismos que defendían el no al divorcio en España, pero para entonces yo les estaré esperando con los brazos abiertos. No tendré nada que reprocharles porque el mayor éxito de un liberal no se basa en lograr conversiones que no llevan a ninguna parte, sino en que los conservadores y los socialistas -verdaderos enemigos del liberalismo- pongan en práctica nuestras ideas sin que ni siquiera se den cuenta de ello.
 
Vox es un pasado rancio que huele a bromuro y a Varon Dandy, mientras el futuro, amigos liberales, es nuestro, porque como canta Mick Jagger: “Time is on my side”.



http://www.eldemocrataliberal.com/search/label/Sergio%20Calle%20Llorens

1 comentario:

  1. Es lo mejor que he leído sobre VOX. El artículo es magistral y lo hago mío, mi más sentida enhorabuena.

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