domingo, 1 de enero de 2017

Políticos en el cogote


Artículo de Rafa G. García de Cosío


Si algún día viajan al sultanato de Brunei, verán lo mismo que en los Emiratos Árabes Unidos, Tailandia, Marruecos o Cuba: multitud de carteles con retratos de sus gobernantes trabajando o simplemente posando con una sonrisa. Es particular el caso de Brunei o Marruecos, dos monarquías absolutas, porque sus respectivos monarcas siempre aparecen en las fotografías haciendo algo relacionado con el comercio o lugar en el que están colgados. Por ejemplo, en una tienda de ropa aparecen calzándose unos zapatos. En un restaurante, aparecen con comida por delante. En países con alto nivel de analfabetismo, esta estrategia es clave para dar a conocer al pueblo que los gobernantes son como ellos y están ahí, acompañándolos en el día a día de sus quehaceres. Sin abandonarlos.

Por supuesto que no siempre se trata de analfabetismo. En Cuba, por ejemplo, la mayoría de los carteles se dedica a recordar al personal que hay represión y socialismo (o muerte). Eso sin contar con las pintadas de CDR (Comités de Defensa de la Revolución), esas bandas de vecinos chivatos ante cualquier comportamiento sospechoso que se encuentran en todos los barrios.

Esta estrategia de la que les hablo no es exclusiva de estos países fuera del ámbito occidental, pues también se da, y con frecuencia, en Europa. Aquí, a los políticos en vez de solucionar problemas les interesa mucho más postrarse en el cogote de los ciudadanos para que estos recuerden que están ahí, que no desaparecieron desde el final de la campaña electoral. Por supuesto, con los niveles de libertad y alfabetización del viejo continente, no es frecuente ver retratos e imágenes como en otros países exóticos, pero hay ciertas políticas totalmente inútiles e imprescindibles que, sin embargo, alcanzan un determinado objetivo de imagen.


Carmenadas y zapateradas

Se ha hablado mucho esta semana de matrículas pares e impares en la circulación de Madrid, y de la ineficacia de tal medida. Como bien decía irónicamente Juanma del Álamo en Twitter esta semana, ''ante la recuperación de la calidad del aire y la bajada en las encuestas, Carmena retira su propuesta de limitación del tráfico'', sin citarlo exactamente. Sin embargo, es bastante dudoso que la caída en popularidad haya preocupado mucho a la alcaldesa de Madrid. Su objetivo claramente, como con la pasada cabalgata de los reyes y otras medidas pintorescas, era recordar a su electorado que Ahora Madrid está ahí, con la 'gente', no mostrándose en espacios etéreos como horarios de apertura, concursos, ordenanzas y otros elementos invisibles, sino manifestándose con actuaciones poco ortodoxas pero actuaciones al fin y al cabo, pues ''da igual si hacemos las cosas mal, al menos las hacemos''. Como prueba, lo que ustedes suelen oír de los defensores de estas políticas: al menos no roban como el PP.

Y no es la primera vez que los españoles sienten tan directamente el aliento de los políticos en el cogote, con la consecuente inutilidad de estas medidas. Se han olvidado ya del plan E de 2009? Aceras levantadas por doquier, recordando al personal las cejas del presidente del Gobierno, presente en cada esquina, en cada cruce. Y la limitación en las autopistas a una velocidad de 110 km/h también por el Gobierno de Zapatero en 2011? Creyeron ustedes en serio que el ahorro en combustible iba a ser mayor que el de no haber movilizado a tantos operarios, el de no haber gastado tanto en nuevas pegatinas? A los gobernantes les daba igual. El objetivo era que, en tiempos económicamente difíciles, los ciudadanos y conductores vieran que ellos están ahí, protegiéndonos y salvándonos del fin del mundo.

Porque así, ya no hace falta un esfuerzo tan grande para ver lo que uno tiene delante de las narices, como certificó una vez George Orwell.

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