domingo, 12 de febrero de 2017

El comecocos catalán


Artículo de Rafa G. García de Cosío


Roman Grafe, reportero y escritor alemán, se dedicaba a echar horas extra dando conferencias en colegios del este de Alemania, la antigua RDA comunista, para ilustrar a los niños sobre las características de la dictadura y la importancia de comprometerse con los valores democráticos. Un día a comienzos de 2008, una de sus charlas en la ciudad de Stendal le trajo como consecuencia una burlona reprimenda de la profesora y de algunos de los alumnos. Lo cuenta con detalles en su artículo de Die Zeit (5/2014) 'Die sind alle noch da'' (Aquí siguen los mismos).


Lo que Grafe contó a los pupilos no era muy diferente de lo que suele aprenderse en cualquier país civilizado sobre dictaduras caídas o aún existentes. Por ejemplo, que aquellos que intentaban huir saltando el muro del Grenzregime (palabra alemana para denominar a la RDA como 'Régimen de la frontera') eran condenados a varios años de prisión; o que los ciudadanos de la Alemania oriental (1949-1989) no solo tenían prohibida la libertad de movimiento, sino también otros derechos fundamentales, como la libertad de prensa u opinión, de religión o de asociación.

Cinco minutos antes de terminar su exposición, la profesora que se apoyaba en la otra esquina de la clase interrumpió a Grafe diciéndole que había presentado algo subjetivo, y se giró a los estudiantes invitándoles a que preguntaran a sus padres cómo había transcurrido su vida en la antigua RDA. Un instante después volvió su mirada al invitado, y le espetó que ella sí se había sentido bien en la Alemania oriental. ''La ha pintado como algo malo, Sr Grafe'', a lo que el reportero respondió en seguida que no hace falta pintar como malo lo que, como una dictadura, ya es malo. La profesora siguió contestando con el argumento de que a quien respeta las reglas poco puede pasarle en un sistema. Se quedará usted entonces callada, quieta, sin defenderse, el día que le roben el bolso? contestó Grafe, sin acallar del todo a los niños que, mitad pelotas mitad por tener el cerebro lavado, se ponían mayoritariamente del lado de su tutora: ''Mi mamá fue profe de guardería en la RDA, y lo encontró todo genial, así que es muy atrevido lo que usted dice!'', le gritó una chica al reportero.

En el artículo de Die Zeit, Roman Grafe publica extractos de las leyes y normas de la Alemania comunista, como el Programa de Formación y Educación de las guarderías (1985), en el que se enseña a los niños a considerar a los ''fuertes, valientes, inteligentes y ágiles soldados'' como ''protectores de la vida de los ciudadanos y de la RDA, pues hay aún enemigos que aún quieren destruirlo todo''. Los chavales deberían establecer una estrecha relación con ''el Ejército Nacional, las Tropas de Frontera o la Policía Popular''. Cuando abandonó la clase, recuerda Grafe, un chico se le acercó y le dio las gracias por su presentación, confesándole: ''esto es lo que quería decirle: que los mismos de siempre siguen ahí''.

EL COMECOCOS CATALÁN

Yo pensaba que no me quedaba nada por ver en el culebrón catalán. Como muchos españoles, estaba convencido de que los nacionalistas de Cataluña habían entrado en un bucle ya hace un par de años, y que si bien nadie hacía nada por pararlos, ellos mismos no serían capaces de ascender en el nivel de ridículo. Pero hete aquí que he dado esta semana con la noticia -y el vídeo!- del juramento de un indio (perdonen que no haya tenido ganas de buscar el nombre) como senador de Esquerra Republicana de Catalunya en Madrid.

Qué bien! qué parlamento más multiculti! Somos como Canadá! pensararán los que no han visto el vídeo y solo han oído la noticia por encima. Lo cierto es que cuando el senador asiático se acerca a la tribuna donde García Escudero se presta a tomarle juramento, el nuevo senador es incapaz de pronunciar dos palabras seguidas en castellano, no se sabe aún si porque se atraganta simplemente o porque no ha aprendido como es debido la lengua española. Se oye, eso sí, levemente, un homenaje a una tal república catalana. El imperativo legal tan cotizado para los independentistas que de ninguna manera cobran su sueldo de senador español por imperativo.

El caso es que quien ve esta escena circense se pregunta, sin encontrar respuestas tan fáciles, cómo es posible que también los inmigrantes, y no solo los niños, hayan caído en las zarpas de la manipulación financiada con dinero público. A qué grado de fricada se puede llegar si, cuando teóricamente uno busca mejorar y prosperar en su nueva vida en el extranjero, uno prefiere meterse en los tejemanejes del conflicto con la nación y los poderes del estado. Cuándo se dará cuenta la inmensa mayoría de los españoles de que en Cataluña no hay ahora mismo otra cosa que una dictadura? Una dictadura directamente tolerada y financiada por una democracia?

En cuanto a la escena en sí, lo rocambolesco de que un ser no sólo se deje manipular sino también emplear por el separatismo para sus fines, no me cabe ninguna duda de que, en un sitio tan irrelevante como el Senado, el único objetivo de poner a un indio sin oratoria alguna que se le conozca es el de provocar al personal. Pues, cuando Ortega hablaba ya hace 100 años del problema catalán, a lo que se refería en verdad era al grano en el culo del que nunca nos vamos a zafar los españoles, haya o no haya independencia.



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