jueves, 6 de julio de 2017

Un míster en la ciénaga catalana



Artículo de Mazelmind


Pep Guardiola pidió ayuda a la comunidad internacional para que lo salven a él y a los suyos en un evento al que fue invitado por los del “popla”, los que acarrean cada 11-S en autocares a un montón de provincianos motivaos con bocata y refresco incluido al más puro estilo de los populistas mexicanos. Por lo menos hay que agradecer que al final el míster se enterase de que no lo invitaba el Parlamento sino el brazo happyflower y xenófobo de la manifestaciones de camiseta amarilla y los entusiastas de palo y barretina en la puerta de los tribunales los días de declaraciones  y juicios a golpistas.

Como el míster entiende de dar discursos motivadores, lanzó un mensaje de socorro a la misma comunidad internacional que mira para otro lado cuando Nicolás Maduro saca las fuerzas armadas de su dictadura a la calle para reprimir a tiros a los chavales que se manifiestan contra el narcoestado autoritario, vendepatrias y asesino. Este pobre oprimido con pintas de exalumno de colegio trilingüe de Pedralbes no tiene suficiente con pedir ayuda para lo suyo a quienes pasan de puntitas sobre los peores conflictos de nuestros tiempos y encima tiene la osadía de llamar “estado autoritario” a España y acusarlo de violar los derechos de los catalanes.
Para la burguesía procesista la mitad de la población con quien por cierto cohabitan (porque decir que conviven sería demasiado decir) simplemente no existe. No ven, ni el señor Guardiola ni el aparato que lo empuja a hacer esta performance, que los estados autoritarios empiezan por borrar la cara de aquellos a quienes desprecian y luego los pasan por el cuchillo, la cámara de gas, la hoguera, la tanqueta, el fusil o lo que se tercie según la época, el lugar y la rabia. Podrían, el señor entrenador y quien le haya escrito esa basura, lavarse la boca con jabón antes de llamar estado autoritario a este que tolera, en aras de su mal entendida libertad de expresión, que suba a una tribuna y se mee en la cara de más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña.
Muchos somos los que hoy no estamos dispuestos a admitir que sean los supremacistas quienes lloren porque se violan sus derechos, esos que se atribuyen “porque ellos lo valen” mientras nuestros hijos son inmersionados en la lengua del régimen (una otrora bonita lengua) y se les enseña con libros de historia falseados. Llevamos años oyendo el raca raca y viendo las lágrimas de cocodrilo de estos que pisan nuestras libertades y que encima tienen la certeza de su propia superioridad.
Los miramos de cerca mientras cohabitamos esta ciénaga social en que han convertido Cataluña y buscamos las virtudes que se supone que los colocan por encima de la media de todo lo bueno del mundo mundial y por más que nos empeñamos no conseguimos ver por qué han de ser los elegidos para que la comunidad internacional se tome la molestia de salvarlos de un Estado excesivamente tolerante y unos conciudadanos que salvo en la petulancia son iguales a ellos hasta en el apellido. Quizás por eso les enfada tanto no ser capaces de convencernos o en su defecto de acabar de someternos oficialmente y para siempre (por nuestro bien faltaría más) y poder llevarnos por la senda del bien de este “pueblo milenario”.
Lástima que a estos burguesitos bienestatantes, cuperos incluidos, Mariano no vaya a cortarles el Internet y la señal de teléfono tres o cuatro días para que dejen de chupar del bote. Por suerte o por fortuna, priman sus derechos como españoles y no es lícito hacer con ellos lo mismo que el gobierno catalán hace con más de la mitad de los catalanes para que “vean lo que es amar a Dios en tierra de indios”.
Seguimos en la ciénaga y apesta.
                    (Publicado en"Ideas sueltas de una afortunada")


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