jueves, 10 de agosto de 2017

Los indepes del hotel Flokalundur


Artículo de Rafa G. García de Cosío


Para salir de la bella pero despoblada región de los Fiordos Occidentales rumbo al sur, en Islandia, hace falta coger la carretera 60 hacia Reykjavik y atravesar un paisaje montañoso y marciano con baches dignos de recibir nombres como los de la Luna.

Al descender la cordillera con una preciosa vista al Mar de Groenlandia, hay un desvío inmediato hacia la derecha para coger el ferry a Stykisholmur, o bien se puede seguir adelante hacia la capital del país por una carretera que sigue serpenteando durante cientos de kilómetros. En ese mismísimo cruce en el medio de la nada, digno de película del salvaje oeste, se encuentra una gasolinera junto al hotel Flokalundur.

Esta semana aparqué para ir al servicio, y antes de bajar del coche vi cómo una furgoneta Renault de alquiler para "campers", con una famosa bandera estelada de Cataluña en cada uno de los dos retrovisores, se establecía justo a nuestro lado. Se bajaron un hombre y una mujer, bien superados los 50 años, y hablando en castellano (o eso o el catalán me parece más fácil de lo que pensaba).

Durante al menos un par de minutos estuve observando a la clientela que salía y entraba en el hotel-restaurante. Nadie echó una mirada siquiera a la furgoneta, ni un asomo de curiosidad. Ni siquiera mi novia, alemana, que siempre me pregunta por el origen de las banderas en los espectáculos de caballos, pareció interesarse por esta furgoneta predicadora de la buena nueva separatista.

Esta semana he llegado a la conclusión de que el ridículo internacional de la Generalidad, sumado a las catetadas de sus siervos separatistas por el mundo en particular, es lo mejor que le puede pasar al resto de los españoles. Mientras el "procés" no pase nunca de ser algo folclórico reducido a las banderitas y la propaganda hacia el extranjero, una propaganda en mi opinión seriamente dañada por los guiños contra el turismo este verano, los españoles no tenemos por qué preocuparnos.

Las encuestas de los últimos meses ya hablan de una caída importante del independentismo. A este ritmo, y con la cobardía de los líderes catalanistas, el movimiento separatista catalán se diluirá como el azucarillo de la Confederación de Estados Unidos, y pasará a mero regionalismo provincial en una región además menos próspera que antes y, por tanto, mucho más insignificante.




1 comentario:

  1. Ojalá!!! Estos indepes hace ya muuuucho tiempo que son más plastas que las moscas cojoneras.

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