sábado, 5 de agosto de 2017

Sobre la sabiduría periodística


Artículo de José Luis Roldán (Max Estrella)


Hay veces que le da a uno rabia tener que reconocer la verdad en el aserto de aquél de quien se tiene una pobre opinión. Lo digo en referencia a ciertas declaraciones del inefable exconsejero De Llera –el Notorio detractor; como lo aludió la ebúrnea Alaya; o sea, el Nota-, cuya incontinencia verbal es proverbial.

Me ha sucedido con él en dos ocasiones: una, aquella vez que habló sobre jueces y fiscales, que le valió la reprobación del Parlamento andaluz (como si la reprobación de un Parlamento como este supusiese algún estigma; cuando, más bien, constituye justamente lo contrario: un estimable galardón, considerando la escasa honorabilidad de la Institución y de sus miembros, que han demostrado ser un mero y prescindible apéndice del Gobierno de un régimen inicuo. Parafraseando a Thoreau, la censura de un régimen tal sería el mejor encomio para un hombre decente. Aunque, en verdad, no sea éste precisamente el caso, tratándose de un destacado miembro de esa secta).

Esa, digo, y esta otra muy reciente en la que arremetió contra los periodistas, a los que definió como un océano de sabiduría con un milímetro de profundidad. Fin de la cita; y que me perdonen aquéllos que no tienen cabida en la definición –que los hay, aunque escasos-. Es lo injusto de las generalizaciones.

Pues bien, la Agencia EFE aportó el 23 de junio una incontestable prueba de la certeza de las palabras del inefable Nota. Leí la noticia de la Agencia –sin firma- en El Mundo y en el ABC: Una niña de 2 años, muy grave tras ahogarse en una piscina comunitaria de Madrid. Y aunque el titular era de la Agencia, los medios que lo publicaron no se tomaron la molestia de corregirlo, ratificando el despropósito.

Cuando lo leí me acordé de una anécdota que se contaba sobre uno de mi pueblo con fama de zote y obtuso. Se contaba que siendo un chaval se cayó en uno de esos pilones, de escasa profundidad, que solía haber a la entrada de los pueblos para abrevar al ganado. Cuando ya hasta la ropa tenía seca, se le ocurrió acongojado preguntarle a la madre: ¡Máma! ¿Me ajogaré?

Al parecer los periodistas de nuestros días son como aquel paisano. Lo dijo el Nota. Sin comentarios.



(Publicado en el blog Ídolos y Llantos, 2017)


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