martes, 3 de octubre de 2017

Unidades de Gestión Clínica del SAS: un fraude sanitario





Artículo de Antonio Higueras



Ignoramos la patente, pero hemos asistido a su creación y progresiva desviación con fines de instrumento para estructurar un sistema sanitario, parasitado y dirigido por un partido afectado de los males que atacan casi cuarenta años de poder.

A quienes no conocen las Unidades de Gestión Clínica (UGC), les simplifico: no gestionan un solo euro. O al menos, no más que cualquier médico usando el talonario de recetas. Entonces ¿Qué son y para qué tanto empeño en el SAS para implantarlas a todo lo largo y ancho del mapa sanitario andaluz? La respuesta es simple, para controlarlo en base a poner al frente a leales servidores, a los que ese eufemismo de la “libre designación”, es decir el dedo prevaricador los escoge por diferentes motivos: sumisión, militancia partidista, mediocridad acrítica, vulnerabilidad laboral, avidez de puesto sin optar a él en libre competencia y, las menos  veces, por capacidad. Bajo la cursi denominación de “cargos intermedios” (o intermediocres) se pide sobre todo sumisión y obediencia. Si piensan poco y hablan menos, mejor su perfil.

Cualquier Servicio Sanitario Especializado o de Primaria, es básicamente un conjunto de profesionales -funcionarios públicos-, que debieran haber accedido por concurso oposición que garantice los principios de capacidad y mérito en libre y pública concurrencia, mediante un procedimiento objetivo y plural que juzgue esas competencias. El SAS, como Administración Sanitaria, no ha servido (o mejor, sí) para llenar Andalucía de precariedad laboral  acumulando años y años sin convocatorias, para que desde la vulnerabilidad de los contratados, eventuales, interinos o en Comisiones de Servicio (otra perversión) se llenen los servicios asistenciales. Así se explican los silencios de la supervivencia (es fácil ponerse en su lugar). Estas son las bases asistenciales.

Faltaban quienes dirigiesen ese contingente de profesionales. Desde el comienzo de la Seguridad Social en su prestación sanitaria, los Servicios Hospitalarios, se estructuraban como cualquier Órgano de la Administración, es decir, de forma jerarquizada. Es simple, un Jefe de Servicio, accedía por concurso oposición nacional, le seguían Jefes de Sección con idéntico acceso. Ambos ocupaban su puesto de forma estable y desde una nítida carrera profesional, dirigían con legitimidad los Servicios. Pero sus conocimientos y solidez de puesto les hacían ser poco manipulables a la pléyade de cargos que inundaron la nueva Administración al albur de esta politizada Sanidad Andaluza (SAS) ¿Qué idearon? Pues una figura que sonara bien (nunca falta un ampuloso título para un descosido) “Directores de Unidades de Gestión Clínica” (DUGC), que como aludo con frecuencia, son “sombreros” o “pamelas” para ser colocados sobre las cabezas de los Jefes de Servicio no sometidos, nombrándolos de forma prevaricada, con los méritos antes expuestos, y a dedo disfrazado de concurso. Desde nuestro puesto de Jefe de Servicio de Psiquiatría, he tenido el honor de tener tres de esas pamelas oportunistas.

Cada uno nos sentimos legitimados en el análisis de la historia, pero en nuestro caso es verificable el haberlo protagonizado. En el comienzo del lanzamiento propagandístico de las UGC, era difícil configurarse como tales en los Servicios. En el nuestro, con el antecedente de una sola UGC en Sevilla, y atraídos por los iniciales señuelos de trabajar por objetivos; que dichos objetivos emanaran en un 80% del debate y elaboración por todos los profesionales del Servicio (Administración; Enfermería y Facultativos – hasta la limpiadora participó-) y que todos aportásemos una cantidad a esa bolsa económica en función de nuestro nivel retributivo, para después distribuirla en función de rendimientos, era ilusionante. Para más datos, el mejor evaluado fue el Administrativo, al que le correspondió el primer puesto de retribuciones por méritos reconocidos por todos. Ni el que les narra como Jefe de Servicio y DUGC entonces de una de las primeras de Andalucía, ni la Supervisora de Enfermería como Subdirectora, gestionamos un solo euro, ni para personal, (que no fuera aplicar las productividades) ni para bienes o instalaciones. Es decir, no gestionamos nada y seguimos dirigiendo técnicamente a los profesionales (como siempre), esta vez, orientados a unos objetivos -entre los que estaba una encuesta de satisfacción de los pacientes que habíamos tratado-, y otros que no detallo, pero igual de entusiastamente emergidos del equipo de profesionales. Los pocos implantados desde el SAS, fueron asumibles.

Al año siguiente, proliferaron las UGC, y los objetivos impuestos, sobre los que discrepábamos y sigo discrepando, como establecer una vergonzosa estancia media determinada, que incentiva poner en la calle a pacientes sin terminar de curar su proceso (lo que ocurre de forma más acentuada en la actualidad, sin que nadie discrepe) o limitar nuestras prescripciones de fármacos, amén de recibir órdenes para enviar profesionales a cursos de la EASP, porque había que alimentarla. El resultado fue, que tanta energía gastamos en convencer a la Dirección para que nos concediesen la UGC, como para tratar de salirnos de lo que ya pintaba como fraude manipulador. Esa fue nuestra experiencia y nuestro delito por movernos de la foto para la larga serie de represalias. En otra ocasión narraré las presiones mafiosas y las calumniosas denuncias de una de las “pamelas” para sostener su puesto al relevarnos. La sumisión y sonrisa a cambio de una pervertida productividad está garantizada en más de 1200 UGC, y por su alegalidad, la “Ley de Sostenibilidad de las múltiples desviaciones sanitarias”, pretende darle cobertura bajo la única y exclusiva forma de organización a lo largo y ancho del mapa sanitario andaluz. Los partidos de la oposición tienen la oportunidad de frenar el desatino, y Ciudadanos, en particular, de mostrar otra identidad, de lo que hasta ahora es el balón de oxígeno de un sistema descompuesto. La Ley que pretende “sostener” ésta y otras desviaciones” ya está desenmascarada. Será interesante ver los posicionamientos. Muchos profesionales ya nos estamos pronunciando y la población, también se hará oír.



Antonio Higueras Aranda


Profesor Titular de la Universidad de Granada
Jefe de Servicio de Psiquiatría del Servicio Andaluz de Salud
Miembro de la Asociación Justicia para la Sanidad


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