miércoles, 27 de diciembre de 2017

Todo sigue igual o peor




Artículo de Enrique Rodríguez

Nadie en su sano juicio podría pensar que en un mes y medio los independentistas iban a cambiar de opinión, los bálsamos mágicos no existen en política y menos los experimentos, que ya sabemos que se hacen con gaseosa y no con las urnas.
Supongo que la debilidad mostrada por el gobierno central al aplicar un 155 descafeinado y diminuto, tendrá su origen en la presión ejercida por Ciudadanos y Psoe que han podido ver en unas elecciones tan temprana, la posibilidad de ganar terreno en la autonomía, y el PP sin hacer un estudio conveniente a los intereses generales, a los intereses de los españoles, mete al país en un fregado que no aporta ninguna solución al problema y sin arreglo por falta de carácter.
Es de ingenuos creer que unas emociones adquiridas por un adoctrinamiento sistemático durante años, puedan desaparecer en un mes y medio, la conveniencia electoral solo se ha traducido en un intercambio de votos entre los mal llamados partidos constitucionalistas, porque me temo que entre ellos hay algunos que no lo son tanto.
Las emociones nublan la razón, a los independentistas, se les escurren los argumentos entre las manos; la xenofobia, la supremacía, el rechazo, etc. Son más fuertes que la razón, la ley, y el amor.
El planteamiento ha sido erróneo, dudamos de la fuerza de un Estado de Derecho constituido legal y formalmente, y a estas alturas no hemos considerado la resistencia de un gobierno autonómico consolidado por una ingeniería social, planificada e implantada, desde la Transición; cuanto miedo a aplicar la ley de verdad y dejarnos de juegos tibios y de paños calientes, que nos está haciendo aparecer sobre el resto de paises y en este aspecto, como un país débil en la aplicación de unas leyes consensuadas por la mayoría del pueblo español ¿en qué podemos confiar entonces? Si nos falla el soporte básico de una Nación.
El decir las cosas claras tiene sus compensaciones, como ha ocurrido en el caso de Ciudadanos y de su excelente candidata, pero esto que está muy bien, no va a revertir una situación que está muy arraigada en parte de la sociedad catalana, como consecuencia de mirar para otro lado durante tantos años, y estableciendo una conmutación y compensaciones de intereses electorales.
El caos y la confusión están presente, las repercusiones están siendo considerables, fuga de empresas, reducción del PIB, bajada del turismo, malas relaciones entre familiares y amigos y una inestabilidad social del carajo. Hacer cosas que no sirvan para nada, es perder tiempo y dinero, dos cosas muy necesarias para continuar viviendo y que nadie debería malgastar, y menos hacérnoslo malgastar.
Eso ha sido lo único para lo que han servido las elecciones catalanas, para que todo siga igual, los políticos han soltado sus discursos, eso sí, bailando, haciéndose fotos y reportajes por doquier, prometiéndonos un futuro mejor en caso de que el poder cayera en sus manos. En fin, lo de siempre.
Y encima, hay huidos de la ley, cuyo máximo representante se pone en plan chulo y le demanda al presidente de la Nación que se pase por Bruselas para establecer negociaciones ¿hasta dónde hemos llegado en este país? El teatro de lo absurdo se queda en calzoncillos, ante tantos delirios.
Y los españoles a la expectativa, como mera audiencia en un teatro montado por comediantes, viendo además cómo la reforma de una ley electoral que fomenta y propicia todas estas situaciones, ni siquiera se menciona, no vaya a ser que haya que modificarla. Lagarto, lagarto.







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