lunes, 6 de agosto de 2018

Pedro Sánchez los engañó a todos


Artículo de Antonio Barreda


El líder del PSOE a escala nacional alcanzó la más alta magistratura del estado, la presidencia del gobierno, engañando a todos. Ya lo intentó la pasada legislatura cuando Mariano, sabiéndose perdedor, no formó gobierno. En eso Pedro llegó a un pacto con Ciudadanos que no cuajó porque Pablo Iglesias lo veía como un trilero en el Parlamento. Eso fue antes del no es no. Y de que Susana lo ajusticiara en un Comité tras el que tuvo que presentar su dimisión. Luego las primarias en las que Susana fue la candidata de las élites y se estrelló contra las bases. No es no Susana, le dijeron alto y claro.

Mariano tenía los días contados en la Moncloa tras la sentencia de la Gürtel. Rajoy, el hombre de piedra, había despeñado a todo su gobierno y a su partido. La inamovilidad era lo que definía al marianismo. Que nada se mueva en la escena política hasta que se cansen todos de moverse. No hay nada peor que no afrontar los problemas y dejar que estos vayan madurando hasta pudrirse. Mariano había conseguido despeñar a la derecha política justo cuando Albert Rivera tomó la iniciativa sobre lo que estaba pasando en Cataluña.

La alargada sombra de Bárcenas se proyectó por todas las arterias de un PP herido de muerte cuando llegó la sentencia de la Gürtel. Toda la acción interna del PP quedaba bajo sospecha, bajo la alargada oscuridad de una supuesta caja en B y de las largas carreras por los despachos de una sede que estaba en entredicho. Los resortes del partido saltaron por los aires liberando una corriente que no fue capaz de parar el marianismo, incapaz de afrontar los problemas cuando llegan.

Entonces Pedro aprovechó su momento porque no estaba de diputado en el Parlamento y se empezaba a difuminar como alternativa de gobierno. El desgaste del 155 en Cataluña y la sentencia demoledora del caso Gürtel con amplias penas de cárcel arrinconó a Rajoy en la Moncloa. Incapaz de dimitir en el momento procesal oportuno condenó a su partido a salir del gobierno. La moción de censura solo era el paso adelante de un PSOE que empezaba a morirse tras las dos últimas elecciones generales. Le había salido un partido por la izquierda que amenazaba con liquidarlo bajo el paraguas de lo que representaba Podemos.

Pedro Sánchez negoció una moción de censura con todos los enemigos del PP y arrinconó a Ciudadanos en el Parlamento. Sumó hasta que llegó a un PNV que venía de pastelear 4.000 millones de euros por aprobarle por presupuestos generales a Rajoy. Aquella tarde el PNV con los dineros ya asegurados y bajo llave le dijo No a Rajoy y Sí a Pedro Sánchez. Era la primera vez en democracia que un partido que no había ganado las elecciones gobernaba.

Mariano, el hombre de piedra, incapaz de moverse y tomar la decisión de dimitir, salvar a su partido y que este siguiera en el gobierno, dejó la partida en manos del PSOE. Tras dejarse defenestrar políticamente, vino su renuncia después de una espantada tras una insólita tarde entera reunido celebrando su propia derrota en el reservado de un restaurante, mientras el Parlamento decidía echarlo del gobierno.

Tras ganar la moción de censura lo primero que hizo Pedro es rodearse de todos los enemigos de Susana Díaz en el gobierno. Desde la vicepresidenta al delegado del Gobierno en Andalucía. Les dio a las huestes de Susana el ministerio más feo y más frío, el de Hacienda. Guerra orgánica le enseñaba Sánchez a la Khaleesi del Sur. Todos los inservibles que tenía el partido en Andalucía llegaron de Madrid con ínsulas, cargos y títulos. Susana veía que un tsunami interno amenazaba las costas del palacio de San Telmo.

Sánchez dejó los presupuestos como estaban porque el PP le había hecho los deberes y ya los había aprobado el Parlamento. Ya tendría tiempo de cambiar partidas y de poner nombre a los dineros. De momento la financiación de las comunidades autónomas, otro caballo de batalla que usó para llegar al poder quedaba congelada. Y Susana se quedaba con su mentira entre las manos. Había pedido al PP en el gobierno 4.000 millones de euros para Andalucía. Ni uno más ni uno menos había dicho. Fue a la Moncloa para hablarle de tú a tú a Pedro y a pedir los dineros y salió de allí acobardada con tan solo 976 millones de euros para la financiación de la comunidad de Andalucía. Primer engaño.

El PSOE de Sánchez sabía a lo que iba a la Moncloa. Primero prometió acabar con la reforma laboral y con la ley mordaza. Y luego prometió elecciones anticipadas. En cuanto llegó al cargo Pedro Sánchez ya ha dicho que no va a tocar la reforma laboral porque no le da tiempo. Y que tampoco va a convocar elecciones generales, que va a agotar los dos años de mandato que le quedan. Otra mentira más.

Tras la cocina del último CIS y la subida de adrenalina que han provocado sus resultados en el PSOE nacional, muchos de sus adeptos ven a Pedro como el referente de la izquierda que le debe comer espacio a Podemos y retomar el poder de los González y Zapatero. Ese es el plan que ha trazado desde su despacho. Retomar los votos perdidos desde que Rubalcaba perdió las elecciones, recuperar lo que él mismo se ha ido dejando por el camino y presentarse sin enemigos internos ni externos a ganar las próximas elecciones, engañando a quien tenga que engañar y prometiendo lo que tenga que prometer.




1 comentario:

  1. Al puro estilo de don Marianito, q también prometió la luna cuando decía q no subiría los impuestos, q bajaría el IVA, IRPF,prometió mantener la revalorización de las pensiones etc etc.Y todo era mentira como lo q este payaso ha prometido y la gente va y se lo cree.

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