jueves, 18 de octubre de 2018

Me gusta Torra


Artículo de Eduardo Maestre


Me gusta Torra. Me gusta Quim Torra! Sí, ya sé que para un ciudadano con dos dedos de frente puede parecer una barbaridad escuchar algo así; pero es que no puedo evitarlo: me gusta Torra! Por qué?

Pues porque con Torra no hay sorpresas; no hay dobleces. Con Joaquín Torra jamás vas a tener sospechas. Es diáfano. De su boca fluye un manantial de supremacismo nítido, de desprecio diamantino. Sus escritos, que jamás ha ocultado ni piensa silenciar, hablan de los españoles en los mismos términos que Hitler lo hace de los judíos en Mein Kampf, o Lenin de los kulaks: somos bestias, animales estúpidos con un bache en el ADN, haraganes insensibles. Para el etnólogo radical Torra, los españoles somos un tumor que, antes o después, hay que extirpar. No hay dudas con Quim Torra: no engaña a nadie!

Para un español como yo, al que Natura ha negado todo rasgo de inteligencia; para un andaluz como yo, cuyo ADN carece por completo de la posibilidad de analizar una situación política; para, en definitiva, un sevillano como yo, al que la continua mezcla de razas innobles (la judía, la almohade, la romana, la castellana) ha embotado el discernimiento, un molt molt molt honorapla honoraplabilísimo President como Jordi Pujol (guiño, guiño, codazo, codazo) le pareció, en su época, un hombre con cierto sentido de Estado. Ya, Artur Mas, no me convencía tanto: se me asemejaba a un vendedor de paños de Tarrasa venido a más; pero nunca le atribuí capacidad alguna de destruir mi nación.

Con Puigdemont, que fue puesto a dedo por Mas, ya no sabía a qué atenerme: un hombre con ese pelo… Un tipo tan ríspido, tan resbaloso; con esos parches colorados en las mejillas… Puigdemont, ese Presidente repentino, que amagaba y no daba me parecía un tipo tan ambiguo que, la verdad, jamás pensé que fuera capaz de proclamar la República catalana. Y de hecho, no la proclamó. Y si lo hizo, desde luego culminó en una Derogatio Precox de ocho segundos. No quiero imaginármelo como amante! Luego, con su incómodo viaje a Bruselas en el maletero de un coche ingresó para siempre en el Parnaso de los Esperpentos, en donde descansan el Dioni, Luis Roldán, José María Ruíz-Mateos vestido de Supermán y tantos otros clowns de vocación.

Pero Torra… Torra no ofrece dudas! Semejante adoquín supremacista no da lugar a confusiones! Es lo que se ve que es: un Doktor Mengele con barretina! Por eso me gusta Torra: porque no engaña a nadie; porque no es ambiguo, ni tiene doblez alguna. Eso sí: en cualquier país serio; en cualquier nación con un Estado sólido, este botarate confuso y acomplejado estaría no ya en prisión, sino en el psiquiátrico provincial! Pero teniendo, como tenemos, un Presidente del Gobierno que es el mayor cretino que vieron las Españas desde los Reyes Católicos, personajes como Torra, con todos sus terrores personales a cuestas, campan por sus respetos y andan sueltos por las calles, llenando de baba oscura las mesas en las que comen, manchando con su chapapote hitleriano las reuniones que celebran, animando a sus jóvenes Waffen de las SS a “apretar”.

Urge replantearse Tabarnia como algo más que una protesta. Quizás haya que comenzar a gestionar la secesión de Tractoria. Por seguridad judicial. Por higiene política. Por dignidad personal. Un catalán que se vista por los pies (o por la cabeza) no puede seguir un minuto más teniendo como President a un payaso desdibujado y patético como Torra, al que además, sin duda, le huelen los pies.




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