lunes, 31 de diciembre de 2018

La derrota del Susanato


Artículo de Antonio Barreda


En la Eneida de Virgilio, el sacerdote troyano Laocoonte al ver el caballo que los griegos habían dejado a modo de regalo exclamó: ¡No confiéis en el caballo, troyanos! Sea lo que sea, temo a los griegos incluso si traen regalos. Suya fue la voz de la prudencia, suyo el gesto humano, y suya la clarividencia ante las consecuencias que acarrearían ciertas decisiones. Luego, al intentar quemar el caballo, Laocoonte y sus hijos son devorados por dos enormes serpientes que los troyanos creen enviadas por Atenea. Del resultado de la muerte de Laocoonte, sus compatriotas troyanos deducen erróneamente el desagrado de la diosa por no aceptar el presente griego, lo montan sobre unas ruedas y lo introducen tras las robustas murallas que protegían Troya. Lo que sigue ya todos lo conocen.

El Laocoonte ha pasado a la historia como la personificación de todas las víctimas ocasionadas por la violencia política. En Andalucía estos días asistimos a la voladura por el Parlamento de Andalucía de un régimen que ha gobernado de manera inmisericorde Andalucía durante casi 40 años. Las elecciones del 2 D dieron sumas para cambiar de arriba abajo la Junta de Andalucía. Un proceso inédito en la democracia española. Un PSOE derrotado que no era capaz de digerir una derrota electoral. Seguían fijados a los cargos y a los puestos como si estos les pertenecieran por derecho de nacimiento.

Las caras de los derrotados en las bancadas parlamentarias en la formación del nuevo parlamento daban para unos primeros planos de una película de Federico Fellini. Habían perdido, de repente, el despotismo con el que nos habían gobernado a todos en el largo invierno andaluz. Ahora estaban asustados, desnudos ante la pérdida de un poder omnímodo. Ahora empezaban a tener conciencia del frío tan intenso que hace fuera de los despachos y del poder de la Junta de Andalucía. Por primera vez se sentían como debió sentirse un príncipe despojado de su poder y de su herencia.

El primer aldabonazo de aviso fue cuando la Khaleesi era ignorada por la prensa en su estreno de oposición parlamentaria. Ella, que era la niña de Triana, la heredera del palacio de San Telmo era ninguneada por los periodistas, aquellos mismos que la habían amado tanto. Ella, por primera vez desde su llegada el trono andaluz, no era la noticia. Y en su cara se dibujó el semblante de la herida política mortal. Su desprecio por la oposición política le empezaba a llegar a ella en forma de silencio mediático. Ya no era la niña de las cámaras, ni era la princesa que todo lo poseía. Ahora no tiene ni ínsula que gobernar.

Veremos pronto los ruidos de sables dentro de su partido. Sobre todo, cuando muchos de los colocados por todas las estructuras de la Junta vayan al SAE a sacarse la cartilla del paro y vean que con las prestaciones por desempleo no les llega para pagar la hipoteca o el Audi de la puerta. Entonces mirarán a los lados y buscarán a los cómplices con los que montar el golpe de estado. El hambre en las casas de los desposeídos hace correr por las calles del partido el fantasma de la revolución y de una gran noche de cuchillos largos donde las listas de los enemigos a los que ajusticiar correrán de mano en mano.

A eso le teme la Khaleesi de Triana, a que llegue el día en que el inmenso ejército de colocados en la Junta se le vuelva en contra. Entonces verá si los Sánchez o los Ávalos de Madrid mueven sus tropas para guillotinar a la generación política de ninis del partido que perdió por primera vez la Junta de Andalucía. Nada va a detener el tsunami que llega al PSOE de Andalucía en forma de paro y de hambre. Por primera vez van a tomar conciencia que la Junta no era su empresa, que era de los andaluces, y que estos alto y claro hablaron el 2 D en las urnas en que votaron nuevas coaliciones y nuevas formas de gobernar.

Las luces del palacio se apagan para ella. Los coches oficiales dejarán de recogerla. Los teléfonos móviles dejarán de funcionar. Ya nadie le pedirá favores, ni cuestiones por solucionar. Ahora es oposición al nuevo gobierno. Los doscientos y pico de asesores se irán todos a la calle. Ya no hay periodista que le fabrique la noticia. Ahora solo tiene los asesores que le ofrece el Parlamento. Nada más allá de los muros del Hospital de las Cinco Llagas. Nada que no sea el frío y el hambre del Sur a dentelladas. Los días de vino y rosas son ahora aciagos. Hasta el protocolo la coloca fuera ya de la foto oficial.

Ella heredó un partido de mayorías parlamentarias y ahora dirige un partido fracasado. Un partido que ha perdido poder de convicción entre una sociedad cansada de ser gobernada por un atajo de ninis sin trabajo que solo eran medradores profesionales de la nómina y del cargo. Toda la estructura levantada pacientemente durante 36 largos años se ha desmoronado. Todo el andamiaje montado para controlar desde la Junta la sociedad andaluza se ha caído. Y no tienen un demiurgo con el que montar algo nuevo. La khaleesi aun está en estado de coma para llegar a comprender la hondura de su derrota. Ni ve llegar a los Brutos y a los sicarios que se van reuniendo a su alrededor con la mano de un regicida. La caída del imperio nadie fue capaz de verla.

Ahora solo les queda el destierro de los despachos, el aislamiento de la Junta, el exilio de los centros de poder, la exclusión de la vida pública, la expulsión de las consejerías y el retiro al parlamento. Ninguno está acostumbrado a estar fuera del poder, ninguno está habituado a dejar de tomar decisiones, ninguno está preparado para dejar de decidir sobre la vida de cientos de miles de personas. Ya no queda nadie que les llame en la noche profunda para complacer los sueños de su antiguo señor. Ni tampoco queda nadie que les invoque para que sean los salvadores de un pueblo acostumbrado a la sumisión y al martirio.

La khaleesi ya no tiene ahora tierra sobre las que gobernar. El trono está ausente para ella en la bancada de la oposición. Ni tiene súbditos a los que administrar. Ni tiene recursos para levantar lo que ella misma ha tirado. Los que la seguían como a un mesías, ahora dudan de haberla votado para secretaria general. Y el pueblo ahora tiene otros dioses a los que adorar. Nadie la tendrá en sus oraciones, ni nadie la invocará en nombre del pueblo. Es un ídolo caído. Ya ha dejado de ser icono de las masas. Ha dejado de ser la princesa de Triana.

El vértigo de perder siempre provoca llanto. Y ella ha llorado a escondidas tras los muros de palacio. Hoy no puede reclamar una herencia que ha perdido. No hay nada más terrible que vaciar de contenido el legado que has recibido. Algo que se siente como hiere el espíritu y derrota la conciencia y la voluntad de seguir adelante. Hoy el sabor de la derrota se derrama por sus labios y llena los alrededores y las calles del palacio de San Telmo. Es un sabor ácido, metálico y a veces caustico.

Ese sabor terrible es el mismo que sintió en su alma Terencio Varrón el aciago día de Cannas. El mismo que tuvo el gran Aníbal cuando vio a Masinisa formar entre los enemigos el espantoso día de Zama. Como lo sintió César en el senado de la antigua Roma cuando Bruto prefirió la libertad de su pueblo a la vida de su padre. Como lo sintió el rey Leónidas cuando aquel pastor anónimo lo traicionó y prefirió la esclavitud persa a la libertad griega. Como lo sintió Augusto cuando Publio Quintilio Varo perdió tres legiones completas en el bosque de Teotoburgo.

Ella cometió el pecado de quitar el libre albedrío a su pueblo, de crear necesidad y de llamarle deseo. De urdir una gigantesca mentira construida con dinero público. Creó un falso paraíso en el Sur por donde cabalgaban el paro y el hambre. Le quitó a su propio pueblo la voluntad de ser libres una generación tras otra, de soñar con horizontes donde su pueblo no le entregara su libertad para entrar en servidumbre dentro de un orden natural que no debía ser trastocado. Ella volvió atrás el reloj de la historia para ser de nuevo el primer estado, para detentar el poder por derecho del parlamento. 

Por ello, ahora prometerá un nuevo paraíso desde la bancada de la oposición, traerá nuevas ideas sobre las tierras que una vez gobernó. Nos leerá todos los cuentos de una Sherezade destronada. Nos dirá lo que debemos pensar y lo que debemos decir no por nuestro bien, sino por el suyo y el de su gentío. Nos dirá que nos va a llevar a la tierra prometida, jurará colmarnos de regalos y de presentes, para nosotros y nuestros hijos. Pero ahora todos debemos ser el laocoonte andaluz. ¡No confiéis en el Susanato, andaluces! Sea lo que sea, temo a los del susanato incluso si traen regalos.




9 comentarios:

  1. Me encanta leer tus artículos!!como siempre :MAGISTRAl

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  2. Vaya pedazo de articulo,como retrata la caída del imperio sociatas.

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  3. Feliz 2019. ¿Será éste el final de la corrupción? ¿Vendrán a comernos otras serpientes?
    Feliz 20/01/19.

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  4. Buenos días e visto tu artículo por casualidad y me a gustado mucho yo soy una mujer que tiene muchas esperanza en que esto cambie y que la gente con valía nos haupe y tiremos hacia delante y Andalucía sea la tierra de liberta y desarrollo y la gente vivamos aquí sin tener que ver como nuestros jóvenes se tiene qui ir

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