jueves, 25 de abril de 2019

¡¡¡Pongamos fin a este régimen partidocrático!!! (parte 3)


Artículo de Luis Escribano



5.- Política y democracia.

En este apartado quisiera resaltar dos claves fundamentales que suelen ser ignoradas por muchos ciudadanos, según los comentarios que realizan.

Lo primero a tener en cuenta es que la política es necesaria en nuestra sociedad, entendida en un sentido amplio como “el arte de gobernar”, y no le encuentro ningún atractivo en sufrirla o ejercerla en cualquier régimen no democrático (plutocracia, oclocracia, partidocracia, etcétera).

Por ello, una vez constituido el Estado con un sistema político que obstaculice al máximo la partidocracia o cualquier otro sistema político no democrático, se necesitan representantes de la nación y gobernantes que dirijan sus instituciones básicas en beneficio de sus representados. Será el momento de elegirlos mediante la convocatoria de unas elecciones verdaderamente democráticas, sin más listas de partidos cerradas o abiertas, donde los candidatos expondrán sus programas, que se convertirán en auténticos “contratos sociales” con sus votantes. Y ahí comenzará el atractivo juego de la Política (con mayúsculas).

Y lo segundo que debe tenerse en cuenta es que democracia no es sólo tener la posibilidad de votar a supuestos “representantes” en una urna cada cuatro años, como se hace ahora, sino que abarca mucho más. No hay democracia que se precie si la ciudadanía no tiene una verdadera representación, si el sistema no dispone de instrumentos adecuados para revocar o expulsar a los representantes y gobernantes por incumplir el mandato dado -cumplimiento de su programa- o por quebrar el imperio de la Ley, sin necesidad de esperar a las siguientes elecciones. Igualmente, si los ciudadanos no pueden controlar de forma efectiva a sus gobernantes en cualquier momento, si no se maximiza la independencia entre los poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) y no se facilita el control entre ellos, no hay democracia: sólo es una ficción, una apariencia, tal como ocurre en España con en actual régimen partidocrático.

6.- Cómo deslegitimar el régimen partidocrático como paso previo al proceso constituyente.

A continuación intentaré explicar de la forma más escueta posible los pasos realizables que facilitarían la llegada de un nuevo sistema político, en el que las libertades y derechos podrían alcanzar cotas de efectividad hasta ahora desconocidos por los españoles.

El primer paso para acabar con la partidocracia es comprender y asumir que la soberanía reside en el pueblo español, que el poder constituyente es nuestro, que no dependemos de ningún político ni de ningún partido político o grupo fáctico para ejercitar pacíficamente nuestra libertad constituyente como nación y poder constituirnos como Estado de la manera más beneficiosa para el pueblo español.

El “cuerpo” de la nación española -poseedora del poder constituyente- se engendró hace mucho tiempo con el transcurso de la Historia, se ha ido desarrollando y ha madurado lo suficiente para decidir cambiar su “traje” (el Estado, que sería el poder constituido) por un otro que le beneficia sin duda. Resulta obvio que el “traje partidocrático” no es funcional ni sugerente; al contrario, no sólo no protege el “cuerpo” de la nación española, sino que perjudica seriamente su salud. ¡Es altamente nocivo y tóxico!

Ese cambio es especialmente necesario para romper con un pasado en el que las libertades y derechos efectivos no existían para toda la ciudadanía, rémora del pasado que hemos arrastrado. Aunque uno pueda llegar a entender que la mayoría de los electores aprobasen la Constitución de 1978 teniendo en cuenta su contexto histórico (recién salidos de una dictadura y sin ninguna cultura democrática en la inmensa mayoría de los españoles), no tiene por qué ser aceptada eternamente. Resulta obvio  -como bien ha expuesto en su obra Antonio García-Trevijano- que la denominada “Transición española” no permitió la necesaria ruptura con el sistema político anterior, lo cual condicionó negativamente la redacción y refrendo de la citada Constitución. Y aunque numerosos españoles alaban dicha etapa de transición política (especialmente aquellos que se benefician de este régimen partidocrático), diariamente observamos como se acreditan sus vicios, y no verlo o no querer verlo no nos ayuda en nada.


El segundo paso imprescindible para conseguir un proceso constituyente -con un previo periodo pacífico de libertad política colectiva (pretensión razonable expuesta en su obra por García-Trevijano)- sería la unión de ciudadanos que actúen conjuntamente desvinculados de los actuales poderes públicos, partidos políticos y demás grupos fácticos, hasta conseguir la necesaria visualización del rechazo a la autoridad del poder político, de forma que la crisis de estado sea inevitable. Es decir, el objetivo sería la deslegitimación del régimen partidocrático.

Entre las posibles vías a nuestro alcance que permiten acciones colectivas tenemos las convocatorias de elecciones, las denuncias y las movilizaciones, todas dirigidas al mismo fin: conseguir un proceso constituyente.

7.- Deslegitimación del régimen partidocrático a través de las elecciones: abstención y voto nulo.

He indicado anteriormente que es necesario deslegitimar este régimen político partidocrático (no confundir legitimidad con legalidad), a fin de crear una crisis de estado que fuerce el paso al proceso constituyente. Si el pueblo mayoritariamente perdiera su respeto al poder político hasta el punto de no reconocer su autoridad, sólo podría imponerla mediante su capacidad legal de uso de la fuerza (potestas), provocándose entonces la crisis de estado.

En cada convocatoria de elecciones tenemos la oportunidad de manifestar nuestro rechazo al poder político. Tanto la abstención como el voto nulo, únicas opciones que no contabilizan en el reparto de escaños entre los partidos de Estado, contribuyen a deslegitimar el poder político. Pero, ¿sirve cualquier abstención o voto nulo? No, cualquiera no.

García-Trevijano y sus seguidores consideran la abstención activa como la única acción posible en unas elecciones que deslegitima el régimen político partidocrático. Sin embargo, considero tan válida la acción de la abstención activa como el voto nulo activo en unas elecciones para conseguir esa deslegitimación del poder, por los motivos que explicaré a continuación sin ningún ánimo de polemizar, sino de todo lo contrario: de aunar esfuerzos. ¿Me puedo equivocar? Por supuesto, como le puede pasar a cualquier otra persona que teorice con estos temas, porque no hay verdades absolutas.

Analicemos el asunto desde la óptica exclusiva de votar o no votar, considerando dichas elecciones una “invitación” del “régimen partidocrático” a los electores para que ejerciten -o no- su derecho al voto. Si no voto, si no participo en la “fiesta electoral”, ¿es debido única y exclusivamente a mi rechazo a las intenciones del autor de la invitación? Obviamente, no, porque el hecho de no votar puede deberse a muchos motivos. Por tanto, no bastaría con decir que “si no votas en las elecciones, deslegitimas el régimen”, pues significaría partir de una premisa interesada: “la abstención es lo que es”, y por tanto, cualquier tipo de abstención deslegitima el sistema político, prescindiendo absolutamente de su “calidad”, lo cual cierra cualquier posibilidad de rebatir dicha tesis. Por ello se añade el calificativo “activa” a la abstención, porque es necesario mostrar públicamente el rechazo o no aceptación, hasta el punto de tener que asistir al “lugar de la fiesta electoral” (mesa electoral) para romper una papeleta o sobre públicamente.

Por tanto, es obvio que no se puede prescindir de la “calidad”, porque realmente es la clave en la deslegitimación del poder político: el motivo, dolo o intención del elector con su abstención son elementos fundamentales que no pueden marginarse, que además debe expresarse de forma manifiesta.

A mayor abundamiento, ¿realmente  podría considerarse una deslegitimación del sistema una cifra de abstenciones en la que se mezcla y diluye una amplia casuística, como ponerse enfermo a última hora, haber perdido el transporte público, pasar de la política en cualquier sistema de poder (abstencionista crónico), olvidarse de votar, llegar tarde, ningún partido es convincente, deslegitimar el sistema, castigar a “mi partido” o cualquier otro motivo que pueda justificar no votar? Obsérvese que, en muchos de estos casos de abstención, el elector censado, aunque no vote, sigue legitimando el poder político porque lo respeta. Por tanto, la “calidad” importa, y mucho.

Por otro lado, hay un hecho irrebatible que impide utilizar la cifra de abstenciones como motivo deslegitimador del poder político: ¿cuántas movilizaciones ciudadanas o denuncias han realizado los 10-11 millones de españoles que se abstienen en cada una de las elecciones generales celebradas en los últimos años mostrando su disconformidad con este régimen partidocrático y exigiendo la apertura de un periodo pacífico de libertad constituyente?  ¿Todos han ido a sus mesas electorales y han mostrado su disconformidad con el régimen públicamente? ¿Son socios todos esos millones de españoles abstencionistas de alguna asociación que persiga el inicio de un periodo pacífico de libertad constituyente?

Pero, ¿qué ocurre con el voto nulo? Sigamos el mismo recorrido lógico del argumento anterior a la inversa. Si acudo a la mesa electoral, y en vez de romper un sobre o papeleta, introduzco en la urna un voto, ¿implica única y exclusivamente que el autor de la invitación no me produce ningún rechazo, y por tanto, estoy aceptando sus reglas del juego? No, en absoluto, porque de nuevo va a depender de la “calidad” de mi voto. Por ejemplo, si introduzco un voto nulo a conciencia mostrando mi disconformidad con el régimen partidocrático, igualmente lo estoy deslegitimando, porque estoy ridiculizando el sistema y mostrando mi rechazo a la autoridad del poder político. Y este hecho me lleva a plantear igualmente que debería hablarse de un “voto nulo activo” para que realmente tuviera poder deslegitimador: hay que manifestarlo expresamente con algún documento que vaya dentro del sobre que se introduce en la urna, documento que, por cierto, se adjunta al acta electoral de la mesa. Si millones de españoles manifestaran expresamente en su voto nulo el rechazo absoluto a este régimen partidocrático, incluso ridiculizándolo, tendríamos hasta una prueba documental adjuntada al acta.


Nos guste o no, con este aspecto de la “calidad” ya cuentan los partidos de Estado y demás defensores del régimen partidocrático, y jamás se logrará una crisis de estado si una mayoría de españoles no muestra abiertamente su rechazo al régimen, ya sea con el voto nulo activo, la abstención activa, las denuncias o las movilizaciones pacíficas. El resto del debate, en mi opinión, es un ejercicio de autoengaño estéril.

Por otro lado, si un elector vota a cualquier lista de candidatos o vota en blanco, acciones que en nuestro actual régimen electoral siempre contabilizan en el reparto de escaños entre los partidos de Estado, sí estaría reconociendo legitimidad al régimen partidocrático, porque acepta los partidos de Estado y el reparto del poder. El voto en blanco (introducir en la urna un sobre vacío) no muestra de forma expresa ninguna disconformidad con el régimen: sólo muestra una duda en cuanto a los partidos a votar, y participa en el reparto de escaños beneficiando matemáticamente a los partidos más votados.

Por tanto, y he aquí el meollo de toda esta cuestión, dejemos de cerrarnos puertas para conseguir el objetivo, pues son muchas las vías útiles para deslegitimar el régimen partidocrático. Dejemos de menospreciar a los que no sigan ciegamente la tesis que uno defiende (desde que publiqué mi primer artículo, es lo que han hecho algunos de los seguidores de las tesis de Antonio García-Trevijano, cuya obra y esfuerzo precisamente reconozco y agradezco). Centrémonos en lo fundamental, que es agrupar la voluntad de todos los que luchamos por acabar con esta partidocracia, que es lo fundamental. Busquemos el encuentro, la unión, y marginemos todo aquello que entorpezca el logro de lo trascendente. ¡Despertemos y movilicemos a los españoles dormidos!

Considero que la inmensa mayoría de los españoles aún no es consciente del poder que tienen en sus manos. Por ello es importante utilizar todas las herramientas que están a nuestro alcance para contribuir a la llegada del proceso constituyente, como por ejemplo la pedagogía. Aprender los conceptos esenciales y difundirlos, el boca a boca en nuestro entorno, es muy necesario, dado que muchos españoles desconocen la organización y el funcionamiento del régimen político partidocrático y las ventajas de otro sistema político.

Y no quiero terminar este penúltimo artículo sin agradecer el esfuerzo y labor incansable de Spiriman, personaje del médico y amigo Jesús Candel, presidente de la Asociación “Justicia por la Sanidad. Es un ejemplo útil que muestra otra manera de deslegitimar un régimen político. En redes sociales manifiesta abiertamente que ejerce su voto nulo con una clara intención (voto nulo activo), como hace un servidor, y también apoya igualmente la abstención activa porque contribuye a la causa.

Spiriman ridiculiza abiertamente el poder político de esta partidocracia, y por ello ha sido arrastrado por este régimen partidocrático por los banquillos de los tribunales, tanto “de honor” (Colegio de Médicos) como de Justicia, demostrando con ello el miedo que el poder político tiene a un efecto contagio en los conciudadanos. Sus casi 300.000 seguidores en redes sociales (con el efecto multiplicador que conlleva) lo han convertido en un peligro para los partidos de Estado y resto de grupos fácticos, y por ello está sufriendo la dañina persecución del régimen partidocrático, que en este caso incluye a los tres poderes del Estado. Pero todo esto tiene un aspecto positivo: cuanto más virulenta sea esa persecución a Spiriman, antes perderá su autoridad el poder político. Y por todo ello, deberíamos no sólo agradecerle el esfuerzo personal, sino apoyarlo siempre que podamos, como hacen ya miles de españoles, para que siga creciendo. ¡Ojalá existieran miles de Spiriman en España! ¡Gracias, Jesús!

Continuará...mañana, con la cuarta y última parte, dedicado al proceso constituyente.




7 comentarios:

  1. Buenos días, Luis.

    Te leo con atención, y tengo dos dudas.
    1. Nunca he entendido en Trevijano el salto de fe que supone asumir que, después de la deslegitimación, vendría un periodo pacífico de libertad política colectiva y un proceso constituyente. No es eso lo que nos explica la historia. Lo que ha pasado una y otra vez es que, ante una ausencia de poder viene una toma violenta del poder, bien por fuerzas interna (levantamiento militar) o externas (invasión de un país vecino). Ninguna de las dos deseable. Ahora los abstencionarios no cesan de poner como ejemplo del éxito de la abstención a Venezuela ¿Cuál es el resultado? Un nuevo presidente impuesto por fuerzas exteriores al país. Y veremos cómo acaba el tema. No acabo de ver ese punto.

    2. Si lo que se busca es la deslegitimación ¿no sería mejor utilizar el método que utiliza Escaños en Blanco? (y digo el método, no digo votar a ese partido). El voto nulo tiene el mismo componente de duda que la abstención. El voto nulo es un voto mal emitido, incorrecto, y en muchas ocasiones se califica como "voto gamberro". Siempre hay la duda de su origen. Cierto es que con una cantidad muy elevada, del 10 o del 15% esa idea seria difícil de mantener, pero sigue obligando a unas cifras muy elevadas. Sin embargo un 2% de voto en las europeas, o un 3% en las generales en Madrid y Barcelona equivale a un escaño. ¿No es más inteligente articular una propuesta que permita conseguir ese escaño, no para ocuparlo, sino para dejarlo vacío? No sería privar de los escaños a los políticos la mejor forma de dejar totalmente claro que no queremos que esté ninguno de ellos ocupándolo para representarnos (no como el voto en blanco, que puede entenderse como duda o indiferencia).


    Y por último, dar una opinión personal. Creo que es un error buscar un sistema mayoritario (el profesro Urdánoz prefiere llamarlo acertadamente "fragmentado") de diputado de distrito porque 1. eso nos lleva a inequívocamente un sistema bipartidista y 2. creo que es un error pensar que un diputado de distrito representa a todos los votantes del distrito, porque representará sólo a SUS votantes de distrito, y eso (juntado con el sistema bipartidista en l que degenera) significa representar a mucho menos de la mitad del distrito. No veo ahí la representación del pueblo. Creo que para conseguir sistemas más democráticos sería mucho mejor un sistema de democracia líquida o incluso sistemas por sorteo.

    Un cordial saludo.

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    1. Estimado,

      1. Trevijano nunca ha planteado un salto de fe, pues a lo primero que apela es al tercio laocrático.
      2. Luego, por otra parte, que deslegitimación alcanzará apoyando a un partido, sea cual sea? repase artículos anteriores y haga cuenta de la cartelización de los partidos, es un punto que no se puede obviar.
      3. Se equivoca cuando habla de bipartidismo en el último párrafo. Ahí no se orienta a un bipartidismo, más se apunta que la democracia es un sistema de mayorías.

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  2. Mis más sinceros agradecimientos y honores a esta serie de artículos, que reflejan reflexiones que al menos en mi caso, nos hemos hecho amigos y un servidor.
    Solo con la consciencia y el conocimiento de la realidad política de nuestro país, nos daremos cuenta de cuan podrido está desde dentro, otorgando toda la responsabilidad a los incompetentes políticos que no hacen por mejorar la situación.
    YO VOTO NULO.

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  3. De acuerdo totalmente.
    Esto no puede ir en una columna de El País, por ejemplo.
    Y mucho menos que lo digas por la tele. Menos mal que al internet este se le escapa algo cuerdo...de momento.
    De nuevo gracias.

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  4. Veremos a ver si hay muchos nulos o abstenciones. Espero no llegue a nada lo del 26 de junio en caleta. No deberían haberse ido después de que los pusieran a levantar las alfombras. Por qué no ha salido en ningún medio de descomunicacion.??
    'No hay nada más peligroso que alguien quien desea hacerdel mundo un lugar mejor".Banksy

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  5. Yo pienso que toda abstención debe computarse como activa. Al fin y al cabo, quién prefiere ir a la playa en lugar de ir al colegio, a votar, es porque no le da ninguna importancia al voto.

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  6. Afortunadamente España no es Venezuela, todavia....

    Solo recordar una cosa, HEGEMONIA CULTURAL.

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