martes, 29 de agosto de 2017

Pulso al Estado


Artículo de Luis Marín Sicilia


“Hay que estar preparados para el final que se avecina sobre el pulso que al Estado pretenden echarle unos potenciales sediciosos a quienes, sin ambages, habrá que aplicar el peso de la Ley, solo la ley, pero toda la ley”

“El pulso del separatismo catalán al Estado lo van a perder, porque la ambición política y los intereses partidarios de los políticos no pueden estar por encima del interés general de los españoles”


De las diversas crónicas que he leído sobre la manifestación "antiterrorista" del sábado en Barcelona, me quedo con dos anécdotas contadas por dos reporteros asistentes a la misma.

Bajo el título "Pobres muertos", el periodista catalán Enric González explica en El Mundo cómo "las pitadas, las pancartas y las fotos preparadas fueron la demostración de que Cataluña es hoy un escenario donde se hace teatro de ambición política". Enric sostiene que en la manifestación "no estuvo presente la inocencia, acaso sí la ingenuidad". En realidad, los organizadores no querían protestar contra el terrorismo, les importaba más opinar "sobre lo suyo". De ahí que al periodista barcelonés no le sorprendió que un matrimonio de mediana edad ubicado en la esquina de Paseo de Gracia con Córcega viera lo que vio y se largara después de exclamar: "¡Qué vergüenza! No vamos a participar en esta manipulación". La colocación estratégica de los esquiroles separatistas [tal y como muestra la siguiente foto de EFE] acredita el grado de manipulación y por qué están indignados quienes, de buena fe, acudieron a la manifestación.




En otra crónica, Iván Gil y Pablo Gabilondo escriben en El Confidencial sobre la cena secreta que, tras la manifestación, celebraron en la casa del comunista multimillonario Jaume Roures, Junqueras, Domenech y Pablo Iglesias. Vaya por delante que celebro que haya millonarios, pues a ello propendemos todos con nuestro trabajo, nuestra inteligencia e, incluso, con un golpe de suerte. Y por supuesto tengo el máximo respeto por la ideología comunista, como no podría ser de otra manera en una mente democrática. Otra cosa es que puedan casarse fácilmente las proclamas anticapitalistas mientras se van llenando las alforjas...

En la cena con el dueño de Mediapro parece que se abordó la forma de articular un entendimiento, después del 1 de octubre, entre ERC, los catalanes de "En Comú" y Podemos. O sea, secesionistas y podemitas juntos para abrir un proceso que llaman constituyente y que, en palabras de Domenech, debe "decidir sobre todo".

Pues bien; como parece que los buenos oficios y la templanza con los que el Gobierno de la nación ha tratado el desafío catalán no están siendo correspondidos, hay que estar preparados para el final que se avecina sobre el pulso que al Estado pretenden echarle unos potenciales sediciosos a quienes, sin ambages, habrá que aplicar el peso de la Ley, solo la ley, pero toda la ley.

Ni en Londres, ni en París, ni en Niza, ni en Bruselas, ni en Madrid, ni en Nueva York, ni en ningún rincón del mundo víctima del terrorismo, se vieron banderas ni mensajes no unitarios de repulsa del terror. En Barcelona, muy a pesar de la mayoría de los barceloneses, se han prostituido los legítimos sentimientos de las víctimas y los corifeos del secesionismo, con sus ofensas a quienes representan al conjunto de los españoles, han expandido su odio a todos nosotros. Ante tamaña ofensa, los españoles, catalanes incluidos, debiéramos:

1) Exigir al Gobierno, sin que le tiemble el pulso, las medidas coercitivas y sancionadoras que la ley tiene previstas para los delitos de atentado contra la autoridad, resistencia, desórdenes públicos, amenazas, desobediencia y sedición, a medida que los hechos constitutivos de los mismos se vayan produciendo.

2) Reclamar de las fuerzas políticas que abandonen posiciones ambiguas ante el reto planteado, especialmente aquellas opciones que elucubran con intereses electorales pretendiendo mentirnos con aires de credibilidad.

3) Reafirmar el compromiso de que no se puede exigir diálogo con quienes no respetan el orden constitucional y hacen ostentación pública de no cumplir los veredictos del Tribunal que vela por el respeto a nuestras normas de convivencia.

4) Pedir el máximo respeto al orden político internacional, dejando claro, con arreglo a los postulados de Naciones Unidas, que no existe para Cataluña, ni para otra comunidad española, el derecho de autodeterminación, eufemísticamente bautizado por los sediciosos (en otra más de sus grandes mentiras) como el "derecho a decidir".

5) Reclamar que se diga claramente que ni Cataluña ni ninguna otra comunidad "da más de lo que recibe". España es un Estado democrático y social donde no son los territorios los que cotizan sino las personas en función de sus rentas. Resulta lamentable que sea la izquierda la que ponga en jaque tal principio, cuya reducción al absurdo nos llevaría a que los barrios "ricos" reclamaran más que los barrios "pobres".

6) Pedir que se acabe con la entelequia del respeto a la identidad. Jamás en democracia ha tenido Cataluña, al igual que el País Vasco, mayor respeto a su identidad. Tienen instituciones propias, se potencia y protege sin límites su propia lengua y disponen de una policía autonómica de la que carecen la mayor parte de las restantes autonomías.

A partir del día 1 de octubre, fecha del pretendido referéndum, habrá que abordar muchas cuestiones básicas para evitar que unos pocos quieran quedarse con lo que es de todos. Y tendrán que retratarse los partidos de izquierdas, alineados incomprensiblemente, y en contra de su ideario social, con lo más insolidario del panorama político nacional.

Como ya dijo un exministro socialista, "cuando alguien quiere comer aparte es que quiere comer mejor". No estaría de más que tal aserto lo aprendiera de una vez por todas el actual líder de su partido, Pedro Sánchez, el cual, si aprende la lección, debiera aprovechar su cercanía con Pablo Iglesias para convencerlo de algo tan sencillo como que el nacionalismo es lo más alejado de una política social y de progreso propia de la izquierda.

En cualquier caso, el pulso del separatismo catalán al Estado lo van a perder, porque la ambición política y los intereses partidarios de los políticos no pueden estar por encima del interés general de los españoles. Y lo van a perder  porque el Estado tiene de su parte la razón y el poder coercitivo de la Ley.


CODA.- Ayer, un grupo de políticos catalanes de ínfimo nivel presentaron la que, pomposamente, llaman "Ley de desconexión o de ruptura".

El nivel jurídico de la pretendida norma es tan deprimente y delirante como la categoría política de quienes la presentaron. El bochorno de la culta, moderada y sensata Cataluña, que es muy mayoritaria, debe ser indescriptible. La "asonada" de los incompetentes está llegando, desde el mayor de los ridículos, a su estación terminal.

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