sábado, 15 de octubre de 2016

Balmes y el periodismo


Artículo de Manu Ramos


Uno de los libros que me gusta repasar de vez en cuando, incluso releer para descansar la mente del barullo diario, es “El criterio” de Jaime Balmes. Este cura catalán de principios del siglo XIX escribió este ensayo destinado a enseñar a ver bien o pensar de acuerdo con la verdad, teniendo en cuenta estas palabras: “El pensar bien consiste o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte caemos en el error.
El amor de la verdad no es una simple cualidad filosófica, sino un verdadero deber moral; no es sólo un consejo del arte de pensar, es también un deber prescrito por la ley del bien obrar”.
La diferencia que plantea como base de su análisis del comportamiento humano, más allá de que la moral en la que lo funde sea la cristiana católica (como es lógico en él) parte de la distinción entre el error y la verdad. Si una persona de hoy en día se acerca a esta obra sin los prejuicios contemporáneos (cura, católico, habla de moral, ¡catalán!) se topará con una guía de supervivencia de la propia inteligencia. Una de las cosas más llamativas de este libro de bastantes páginas y que se encuentra en dominio público, es la actualidad de muchas de las ideas que plantea, a pesar de la distancia temporal. Esto es, como suele suceder con estas obras que sirven para tantos y diversos tiempos, debido a que tratan principios universales. Y qué hay más universal que la verdad, tanto si se opta por una postura relativista de la realidad u objetivista.
Este planteamiento algo filosófico y desapegado de la actualidad más inmediata es lo que me provee Balmes. Una perspectiva de halcón sobre lo que me rodea con la experiencia y la calma que aporta una mente clara y con una escritura muy fácil de comprender. A pesar de los giros propios de la época, Balmes domina el idioma español con un virtuosismo que agrada al tiempo que invita a pensar. Este simple hecho recuerda a tantos catalanes que, sintiéndose completamente españoles, han dado lustre a una gramática y han llegado a cotas del pensamiento tan altas en ese idioma y avergüenza hoy en día por la mancha de iletrados e ignorantes que pueblan las maravillosas tierras de Cataluña, olvidando a personalidades tan grandes como Jaime Balmes.
Hoy me quiero parar en el capítulo IX, en el que habla de los periódicos. Ojo que esta reflexión que voy a compartir ahora vale para la avalancha de información que hay en Internet: “Una ilusión: Creen algunos que con respecto á los países donde está en vigor la libertad de imprenta, no es muy difícil encontrar la verdad, porque teniendo todo linaje de intereses y opiniones algún periódico que les sirve de órgano, los unos desvanecen los errores de los otros, brotando del cotejo la luz de la verdad. «Entre todos lo saben todo y lo dicen todo; no se necesita más que paciencia en leer, cuidado en comparar, tino en discernir y prudencia en juzgar.» Así discurren algunos. Yo creo que esto es pura ilusión: y lo primero que asiento es que ni con respecto á las personas ni las cosas, los periódicos no lo dicen todo, ni con mucho, ni aun aquello que saben bien los redactores, hasta en los países más libres.”
El pensamiento de la ultra-información, más allá de la calidad de la misma, está señalado por este cura a principios del siglo XIX. Seguidamente se reflexiona sobre la información que aportan los periódicos sobre las personas y sobre las cosas, llegando a la conclusión general que son los hechos contrastados los únicos que pueden aportar algo de verdad al conocimiento de los acontecimientos. Estos hechos son los primeros ocultados en lo que se publica, o disfrazados para que parezcan otra cosa. Es en definitiva, el criterio personal basado en la experiencia y el conocimiento del idioma, el que puede desentrañar si existe algún ápice de verdad en todo el mar de los sargazos periodísticos. Un criterio e independencia mental, en definitiva, que tiene que pulirse mediante la repetición y el esfuerzo al pensar. Es decir, no dar nada por sentado y someter cualquier asunto a escrutinio severo y coherente.
Hecha la proposición bibliográfica, desciendo a la pérfida actualidad y me pregunto cómo alguien puede pensar que leyendo la prensa española actual puede sacar algo de luz de lo que ocurre realmente. Es tal la lejanía con la sociedad civil y tal la cercanía con el poder, que debemos aplicar una lente y un tratamiento muy trabajados para no caer en el error al que nos inducen las trampas de los medios de comunicación españoles. La connivencia es visible a la luz del día, ni siquiera se esconden en oscuras calles. En los ágapes oficiales y actos públicos, así como en el mismo pase de modelo diario por las tertulias llenas de “Tertulianos” (Credo quia absurdum), vemos de la mano al poder y a los periodistas. ¿Quién puede confiar en ellos?
Leamos a Balmes y forjemos nuestra independencia mental, pues la libertad de prensa jamás ha significado libertad de pensamiento. El liberal es, ante todo, un libre-pensador y, en política, un ciudadano que busca la libertad política. Seamos libres al leer y pensemos siempre porque, como dijo Hannah Arendt, el pensar es lo que nos da la capacidad de ser libres.


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