martes, 8 de noviembre de 2016

The Black House



Artículo de Paco Romero


“¿Qué diferencias hay entre el bolso de Bormujos, el churrero de El Pedroso o el pisito de Alcobendas?”

“Mira Pablo, escucha Iñigo, lo que -incorrecta pero tajantemente- se dice en Sevilla: ‘Cuando se hable de corrupción, ustedes se calláis’. Y tú, Ramón, ¡sé fuerte!”


No, no voy a referirme al supermartes de hoy en yankilandia. Los tiros van por otros derroteros:


Hechos probados, reconocidos y/o contrastables

- El senador podemita Ramón Espinar es hijo del militante socialista y ugetista del mismo nombre y apellido.

- El progenitor está siendo juzgado por apropiación indebida en su condición de exdirectivo de Caja Madrid por arramplar, “tarjeta black” mediante, 178.400 euros para gastos personales entre 2003 y 2010.

- La criatura, que al día de hoy no ha actualizado su declaración de bienes en la Cámara Alta, adquirió, justamente en 2010, por un precio de 146.000 euros, a la promotora de Comisiones Obreras Vitra, una vivienda y dos plazas de garaje en Alcobendas, localidad en la que ni estaba empadronado, ni residía, cuando tenía 23 años, era estudiante y carecía de ingresos suficientes.

- La adjudicación de los terrenos en los que Vitra construyó las viviendas fue realizada en 2006 por el entonces alcalde de Alcobendas José Caballero Domínguez, que, en aquella época, se sentaba junto a Espinar senior en el mismo consejo de administración de Caja Madrid que la llevó a la ruina.

- El artículo 6 b) del reglamento marco que rigió la adjudicación de tales viviendas con protección pública básica (VPPB) establece como requisito “estar empadronado en el municipio” y el 9 a) que “la adjudicación provisional del derecho a una vivienda se realizará mediante sorteo, ante fedatario público”.

- Nueve meses después, sin haberla ocupado, el senador la vende por 176.000 euros, obteniendo un beneficio, si las matemáticas no fallan de 30.000 euros, aunque el interfecto solo reconoce unas ganancias de «entre 19.000 y 20.000 euros», tras el pago del impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (plusvalía) que, de momento, parece ser el único impuesto liquidado por “su señoría”.

- La promoción comenzó a construirse en noviembre de 2007, cuando el módulo tenía un precio de 1.475 euros. Unos meses después, en abril de 2008, la Comunidad de Madrid elevó el precio un 31 % hasta los 1.940 euros por metro cuadrado, precio vigente y, por supuesto, conocido por el entonces estudiante y ahora senador en el momento de la adquisición y venta simultáneas en 2010 y 2011.

- “Comprar y vender una vivienda protegida es especular y punto” (Cayo Lara dixit).


Preguntas sin respuestas (de momento)

- Espinar asegura que se trata de un préstamo familiar de su madre, de su padre y de su abuela. ¿Está acreditado documentalmente? ¿Se trató realmente de un préstamo o de una donación? Si fue lo primero, ¿dónde está el contrato?, si fue lo segundo, ¿dónde la liquidación del impuesto?

- El dinero que, en su caso, aportó el padre a través del préstamo o de la donación -estamos en 2010-, ¿de dónde procedía?

- ¿Cómo logró subrogarse en la hipoteca del BBVA? ¿Puede considerarse de bajo riesgo la concedida a un estudiante de 23 años con una beca -de marcado carácter temporal- de 500 euros mensuales como único ingreso y a todas luces inferior a la cuota? ¿Es suficiente con un aval? Si lo tienen claro, ¡ya están tardando ustedes en personarse en la oficina más próxima del BBVA!

- Habida cuenta que las políticas en materia de vivienda son un pozo sin fondo, ¿cuántos casos más hay como el de Espinar?


Mi opinión (si me la permiten)

- Oído en el consejo de administración de Caja Madrid: “Mira, Ramón, en Alcobendas tenemos a punto otro pelotazo: cómprale a tu hijo una vivienda y que se gane 30.000 euritos. ¿Qué no está empadronado? Eso está resuelto. ¿Sorteo… qué sorteo ni ná? ¿Que no tiene para la “inversión”? Pónselo tú. ¿Que tú tampoco puedes? ¡Esa tarjeta Ramón… que no pase hambre!”.

- El otrora estudiante y ahora senador, sabía que estaba comprando en 2010 al precio de 2007 (1.475 euros/m2) y que iba a vender, sobre la marcha, sin riesgo y sin anestesia, al precio aprobado por la Comunidad de Madrid dos años antes (1.940). ¡Así hago negocio hasta yo, sobran los amanciosortegas!

- Se trata de una operación manifiestamente apalancada: con la clara intención de no pagar la renta de una vivienda en la que no llegó a residir, ni siquiera lo hizo en el municipio, por ser quien es, utilizando recursos públicos, sin invertir un duro propio, con un préstamo (o donación) de 60.000 euros, se lucró y obtuvo un beneficio final del 50 %. Gracias a miles de comportamientos estilo espinar, usted, o su hijo seguirán teniendo enormes dificultades para acceder a la vivienda.


Epílogo

El debate hombre bueno - hombre malo nos llega otra vez desde la arraigada concepción de la superioridad moral de la izquierda. En el fondo, la corrupción es similar en los sujetos y en los comportamientos: un amigo, un desvergonzado con cierto poder, un favor y p’alante. ¿Qué diferencias hay entre el bolso de Bormujos, el churrero de El Pedroso o el pisito de Alcobendas? ¿Y entre los pagos de Venezuela o Irán o la beca prefabricada de la Universidad de Málaga? Por cierto, ¡manda güevos que la tesis errejoniana llevara por título “Diagnóstico, análisis y propuestas de políticas públicas para la desmercantilización de la vivienda”!

La corrupción no pasa factura ni en Podemos ni en ningún sitio, quizá porque la llevamos en la sangre. Tiramos de sectarismo, del socorrido “es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta” o  del “somos los hijos de los obreros que no pudisteis matar”: la corrupción de la derecha “se da por descontada”, la del nacionalismo es intocable “no sea que se cabreen”, la del socialismo en el fondo da pena porque “también tienen derecho”. La de Podemos, ya lo dice Echenique, son pecados de juventud (“¿Nadie ha tenido 20 años?”).

Sin embargo, sí se aprecia una meridiana diferencia: el resto de partidos, de alguna u otra manera, más tarde o más temprano, han forzado la dimisión del señalado, en este caso como en otros los podemitas resisten como gato panza arriba.

Mira Pablo, escucha Iñigo, lo que -incorrecta pero tajantemente- se dice en Sevilla: “Cuando se hable de corrupción, ustedes se calláis”. Y tú, Ramón, ¡sé fuerte!



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