sábado, 17 de diciembre de 2016

El paripé


Artículo de Manu Ramos


Parece ser que hay preocupación en ciertos sectores del partido regional de Andalucía, más conocido como PSOE, ante la posibilidad de que lasprimariasde dicho partido estén amañadas. Se teme que “las élites” controlen el proceso y no se respete la decisión de la mayoría de los afiliados. Todos dicen defender unas mismas ideas dentro del partido.
El pensador alemán Robert Michels formuló la conocida ley de hierro de la oligarquía en 1911 al estudiar del funcionamiento del partido socialdemócrata alemán fundado por Lasalle, quien llamaba ley de hierro a la ley de bronce de los salarios del economista David Ricardo. La tesis de Michels consiste en que un partido, a medida que crece, ve reducido el número de personas que toman las decisiones hasta convertirse en una pequeña camarilla. El tamaño y el ansia de poder humana promueve esta organización jerárquica que siempre se ha confirmado hasta ahora.
Desde luego, la ley de hierro se ha demostrado irrefutable y lo de la “democratización” interna de los partidos es pura retórica, propaganda, cinismo o ingenuidad, pues toda organización necesita una jerarquía. Lo único que cabe en este aspecto es apelar al talante o a la buena voluntad de los dirigentes o criticar sus actitudes y sus actos; mejor las dos cosas. Pero quien obvie este hecho no dice mucho de su conocimiento de la política.
La pantomima de organizar “primarias” en un partido como ejemplo de transparencia es absurdo en España. La costumbre de las primarias tiene su origen en los Estados Unidos de América. El extenso territorio además de su sistema presidencialista hacen que para poder presentar a un candidato conocido y con verdadero apoyo a lo largo y ancho del país, sea necesario elaborar este proceso de selección representativa. Así se aseguran que el candidato tendrá apoyo electoral. En España, por contra, no tenemos ni sistema presidencialista ni un gran territorio como el estadounidense. Sin embargo, por imitar al amo, se adoptan poses extranjeras que nada tienen que ver ni con la democracia ni con la transparencia. Es pura mercadotecnia.
Además, los partidos en EEUU no son orgánicos como los españoles, italianos o alemanes. Son herramientas de campaña que se montan y se desmontan, sólo para los comicios. El funcionamiento del partido el resto del tiempo es latente, casi imperceptible. Lo que importa allí es el candidato, la persona que ha sido elegida. El partido es lo de menos. Sólo sirve para apoyar a un candidato e incluso en ocasiones, como la de Trump, el mismo partido se pone en contra del candidato. Aún así puede ganar, como ha ganado Trump.
Cuando digo que en España los partidos son orgánicos me refiero a que son estatales, pagados por el Estado. Como correos, los bomberos o la policía. No son partidos de la sociedad civil, con su financiación y soporte en los ciudadanos. Pertenecen a una oligarquía que controlan las camarillas de dichos partidos de forma estrictamente jerárquica. La herramienta más efectiva para este control es la más feroz, la clásica de un Estado de partidos como el actual: la lista electoral.
No importa que se abierta o cerrada, de colores o en papel maché. El que controla el acceso a esa lista es el jefe del partido y aunque un miembro poco conforme con la dirección suba por el voto de una lista abierta ¿alguien cree que estará en dicha lista la próxima votación si ha sido revoltoso? Pues ese es el verdadero control del partido. Quien tiene la lista, tiene el poder.
La diferencia con Reino Unido, EEUU o incluso Francia, que la tenemos al lado, es abismal. En estos tres países, se votan a los candidatos en cada distrito, directamente. Nada de direcciones del partido. Aunque evidentemente los aspirantes a acceder a la clase política tienen a agruparse en torno a grupos de presión e ideologías, algo completamente legítimo, si los electores son los que respaldan tu asiento será a ellos a los que tendrá el político que mirar. Si, por el contrario, el cargo ha sido facilitado por el confeccionador de una lista, a quién mirará el político será al jefe de partido. Por eso en EEUU o Francia tienen un sistema representativo y en España tenemos una oligarquía que controla el sistema proporcional y de listas.
La tendencia  al autoengaño de los españoles lleva a creer que si los partidos son “democráticos” internamente, entonces habrá democracia en España. Para empezar, la democracia no se puede aplicar a todo. Hay una manía de llamar a todo “democrático”: sociedad “democrática”, cultura  “democrática”, educación “democrática”, ciudades “democráticas”... La democracia sirve sólo para lo que sirve: separar los poderes en la constitución. ¿Están separados los poderes Ejecutivo/Legislativo en España? No, ¿verdad?. Pues eso.
El artículo 6 de la Constitución Española expresa la soberana estupidez que rebaten pensadores como García-Trevijano, Ostrogorski, Mosca, Michels, Pareto o Gonzalo Fernández de la Mora. Insisto, los partidos no pueden ser democráticos y por mucha pose que ponga el PSOE, el control lo tiene el “aparato”. Ya lo verán ustedes.
Por otro lado, las constituciones que no han nacido de la libertad política colectiva, es decir, la libertad constituyente, tienen unos textos falsos que tienden a no ser cumplidos. Para no irnos a constituciones de otros países, la propia constitución española de 1812 expone en su artículo 6 la obligación de todos los españoles de amar a la patria y de serjustos y benéficos. Este tipo de brindis al sol es propio de un afán voluntarista y cándido cuando no dictatorial. La herencia totalitaria en toda Europa y la falta de experiencia de la libertad política propicia que los gobernados acepten estas frases aparentemente bonitas sin sustento en la realidad. Se podría haber puesto que todos los españoles seamos guapos o ricos. Valdría para lo mismo.
Susana Díaz y Zapatero han participado ayer viernes en un acto para conmemorar la “Ley de dependencia”. Desde luego, el acto conmemorativo sólo puede ser para recordar su nacimiento y muerte, todo ocurrido al mismo tiempo. Esta ley es fiel reflejo de la mentalidad infantil española. Promulgar una ley que no tiene presupuesto es como decir que todos los españoles serán “justos y benéficos” o que los partidos, por arte de birlibirloque, serán democráticos.
Vivimos en los tiempos de la impostura, del pensamiento blando, del espectáculo y la huída de la realidad. Como decimos los andaluces, el paripé. Pues sí. Y algunos seguirán participando en este paripé, yendo a votar en la próxima llamada a la “fiesta de la democracia”, creyendo que eligen algo, como los miembros del PSOE. Seguirá habiendo la misma camarilla que controla todo, porque no hay representación. Porque seguimos tolerando este Estado de partidos. 



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