jueves, 27 de abril de 2017

Cuando la ambición supera a la persona

Artículo de Miguel Ángel García

Ayn Rand (Alisa Zinóvievna Rosenbaum), escribió en su día que: “La ambición del poder es una mala hierba que solo crece en el solar abandonado de una mente vacía”. De haber conocido a Pedro Sánchez, se habría ahorrado, seguramente, todo lo que viene detrás de la palabra poder, cambiándolo por: la ambición del poder es: Pedro Sánchez… como mala hierba creciendo en ese solar abandonado de su inconsistencia por tener vaciada de contenido, su mente.

Creo que quitando a Felipe González, con sus luces y sus muchas sombras, el PSOE, a partir de él, ha ido de mal en peor en lo que se refiere a la calidad política e intelectual de sus cabezas de cartel. Ni los Almunias y Borreles, ni, por supuesto el estólido Zapatero ni el químico Rubalcaba, le han sabido dar a los electores socialistas por un lado, ni a España en general por otro, lo que se merecían y necesitaban.

Si exceptuamos a Pérez Rubalcaba por lo ladino que es, el resto, y ya meto aquí tanto a Pedro Sánchez, como a Susana Díaz y a Paxti López, no tienen ni dan la talla de hombre o mujer de Estado. En el caso del vasco, al igual que le ocurre a Pedro Sánchez, de manera personal y política, le puede la ambición, que en el caso de López, es un desmesurado afán de protagonismo, como se pudo ver en su corta estancia en la presidencia de las Cortes; en el caso de Susana Díaz, le puede la prepotencia y el exceso de soberbia que provoca la ineptitud de la indocta, y la inutilidad del ignorante.

Sin embargo, Pedro Sánchez es el que más se caracteriza por su ambición. Este vicio es el que lo promueve, y, eleva su actitud arrogante, hasta el delirio del insolente que afirma y se reafirma, en un: o yo, o nada, anteponiendo su engreimiento personal, a estatutos, historia, ideología e, inclusive, a una deriva de la organización que les pudiera llevar a su desaparición. En cualquier caso, a él, le da exactamente lo mismo. Su ambición es tan narcisista, como su pretendido talento deportivo, su talante político inexistente, y su propia imagen de playboy mediterráneo. Su extremada terquedad, es directamente proporcional a su inmadurez política, cosida una a otra, a pespuntes fuertes que refuercen de ese modo sus carencias y limitaciones haciéndolas pasar desapercibidas.

Cegado por la ambición, no ceja en el empeño, porque lo que ansía, de conseguirlo, acabaría por reafirmarle en lo que él considera su mayor virtud, siendo en realidad, desde mi punto de vista, el peor de sus tremendos complejos, que de ese modo maquilla; y le reafirmarían, más allá de la consecución del poder a la vista de los demás, en la posición global de su empecinamiento, de que siempre ha tenido razón al decir aquello, tan ampliamente razonado (ironía) y opinado, de su afamada frase de: “no, es no”.

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2 comentarios:

  1. No te has equivocado para nada en la apreciación y valoración de los personajes nombrados, y el motivo LA AMBICION DEL PODER

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  2. Pues como esa ambición llegue al extremo que sospecho, aquí se va a ver un numerito circense que no nos va a hacer gracia ninguna, aunque los protagonistas sean payasos.

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