sábado, 14 de octubre de 2017

El venenoso cóctel de la confusión y la cobardía



Artículo de Rafa G. García de Cosío




En estas últimas semanas han pasado muchas cosas muy graves en España, con bastantes momentos de confusión, algunos actos de cobardía y, sobre todo, mucha desinformación. La intranquilidad se ha mezclado con el miedo, la soberbia con la impaciencia y la amenaza con la desesperación. No tengo ni idea de por donde empezar, pero tengo claro que quiero ahorrarles comentarios sobre cosas que ustedes ya saben de sobra.

Porque ustedes han oído de todo: la dejadez de los Mossos durante el referendum, la manipulación de las cifras de heridos, los comentarios de Pablo Iglesias, las valoraciones del Gobierno, las ofertas del ministro, los rechazos del Govern, las amenazas de la CUP, los tuits de Jordi Évole, las denuncias de VOX, los artículos de intelectuales, el discurso de Borrell, las inexistentes cargas policiales, el artículo 155, la Constitución, el 78, la DUI, Franco y Rufián. De nada de eso quiero hablar en primer lugar, porque ya han leído bastante. Sí les quiero decir algo de los corresponsales extranjeros, un tema capital estos días y, sin embargo, inexistente en los medios.

LOS EXTRANJEROS VEN A ESPAÑA COMO UN PAÍS CENTRALISTA

Lo más maravilloso de vivir en el extranjero como periodista es poder analizar la opinión publicada y la pública cuando surgen momentos como este en el que tu país lleva ocupando portadas más de dos semanas seguidas. Opinión pública, por cierto, es una asignatura oficial de la carrera de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, y una de las más interesantes. Ahí se aprende, por ejemplo, que según algunos topos los partidos políticos (con el PSOE a la cabeza) llevan a cabo barómetros electorales cada tres o cuatro días.

El otro día, escribí un correo electrónico a Leo Wieland, corresponsal alemán durante varios años del conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung en España. Wieland está casado con una navarra, y ha vivido en Jaén, acumulando una sabiduría envidiable sobre nuestra tierra. Siempre que le escribí para denunciar falsedades o medias verdades en su periódico me respondió de manera condesdendiente y mostrándome sus disculpas, que yo siempre apreciaba. Pero esta vez, a comienzos de mes, Wieland no contestó. Según la Wikipedia, se jubiló a finales del año pasado. Su puesto ahora lo ocupa un cretino llamado Hans-Christian Rößler que, al parecer, quiere superar al colega Thomas Urban, del progresista Süddeutsche Zeitung, en sandeces.

En resumidas cuentas, los reportajes de Rößler han carecido del más mínimo contexto, tituladas con fotos de antidisturbios sacando la porra ante la avalancha de cachorros de la CUP y escribiendo siempre sobre 'Katalanen', y no separatistas, con la gran diferencia que hay entre ambos términos. España, otro palabro sustituido por 'Madrid', habría impedido votar a los catalanes, quienes el lunes 2 de octubre se encontrarían, siempre según Rößler, con la noticia de una victoria del 90% de los votos en el referendum. Una noticia de la que, obviamente, se hicieron eco todas las radios en las señales horarias que interrumpen esa música que sabe a gloria cuando sales del trabajo en coche.

Pero lo mejor de todo era leer los comentarios a las noticias, no solo del FAZ, sino también del Süddeutsche Zeitung. Raro era el alemán que no acusaba a la centralista España de lo que pasaba en Cataluña, así, tal cual. Una vez más, la dificultad de comprender la complejidad de lo que significa un Estado autonómico, único caso en el mundo, llevaba a los lectores germanos a tirar por el camino del medio y alabar las virtudes de un Estado descentralizado como el alemán, del que supuestamente carecemos en nuestro país.

EL ESTADO AUTONÓMICO Y LOS SOBORNOS TEUTÓNICOS

Por más que me esmere, no encuentro un ejemplo comparable al modelo de Estado de España. Con los alemanes suelo utilizar el ejemplo de Italia, un país centralista que reconoce cinco autonomías en su Constitución. Pero no es suficiente. Cómo explicarles que un Estado que ha cedido soberanía en todos los aspectos posibles, en todas las administraciones de la vida misma (sanidad, seguridad, justicia, educación, infrastructuras y en algunos casos recaudación) se reserva aún el derecho inalienable de la soberanía nacional? Esto es algo que no entienden ni en Malasia, donde tienen una monarquía turnista.

Pero que nadie piense que España ha llegado hasta aquí porque la unión, la fundación del Estado fue forzado y no negociado o acordado. Ni siquiera de esto pueden presumir los alemanes. El otro día leía en un periódico importante alemán cómo el rey de Prusia Guillermo I y su canciller Bismarck sobornaron al rey bávaro Luis II (loco por construir lujosos castillos) para elegir al primero como emperador alemán.  Y la verdad, si a esto sumamos las guerras de religión, la represión de la revolución liberal de 1848 y el nacionalsocialismo o las dos guerras mundiales, uno todavía se pregunta cómo el nacionalismo regionalista afectó más a España que a Alemania. Un milagro del que me alegro, por otra parte, como residente de este país maravilloso.

Lo que nos hace únicos en España, por cierto, no es solo este sistema extraño del sistema autonómico. Es la rareza de que el regionalismo centrípeto (como la UPN navarra) sea extremadamente minoritario y que el centrífugo (como ERC, la CUP o la antigua Convergencia) se presenten como una auténtica metástasis y que además hayan gozado de gran prestigio entre la población. En cualquier otro país de Europa, sobre todo Francia, Italia o Alemania, el regionalismo es identificado inmediatamente como un movimiento que, sin ansiar abiertamente la independencia, es conservador, reaccionario, defensor de los privilegios y de la autonomía fiscal (Liga Norte en Italia, CSU bávara en Alemania), contrario a la igualdad que garantiza un Estado que mira a todos sus ciudadanos por igual, vivan donde vivan.

ACEPTAMOS PULPO

En España se aceptó el pulpo de un Estado autonómico, que es un oxímoron en sí mismo, como animal de compañía. Y ese pulpo lo tenemos ahora a la gallega. Sí, he dicho al comienzo de este artículo que no hablaría de aquello sobre lo que ustedes leen desde hace días, pero el presidente Rajoy y el líder catalán Puigdemont (saben ustedes que Putsch en alemán significa golpe de Estado? esto es ideal) merecen unas palabras, sobre todo para aquellos lectores que siguen este portal desde Sudamérica.

Me preocupa la normalidad con la que se ha aceptado esa declaración de independencia 'en diferido' de Puigdemont, pero más me inquieta la activación, que no aplicación, del artículo 155 por parte del Gobierno de Rajoy. Soy el único al que le chirría este detalle? Pueden ustedes activar la mantequilla sin untarla? Activar el coche sin arrancarlo? Activar la renta sin declararla? Si por la noche se nos informa de lo 'inadmisible' de la declaración de Puigdemont, cómo es que al día siguiente se activa un artículo y no se aplica? Y, por último, cómo es posible que el ex primer ministro catalano-francés, Manuel Valls, se moje más en Twitter en favor de la Constitución que el propio Gobierno español en pleno?

Estas reacciones son propias de un país tradicionalmente cobarde, al menos en lo que atañe a la política. En 40 años de Democracia no ha habido ni un solo Gobierno de coalición (le llaman gobierno de concentración, con tono sobrio, a lo que en otros países es una gran coalición de toda la vida). Nunca la AP gobernó con la UCD, jamás el PSOE tuvo a IU como socio de Gobierno, y ahora el PP (y Rivera) descartan tener a ministros de Ciudadanos en el Ejecutivo. Todo por miedo a perder votos. Eso sí, hubo cesiones y pactos de despacho con nacionalistas. En esto, los alemanes sí nos llevan años por delante.


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