lunes, 16 de julio de 2018

El sabor de la derrota


Artículo de Antonio Barreda


“Por espacio de nueve días acarrearon abundante leña; y, cuando por décima vez apuntó la aurora, que trae la luz a los mortales, sacaron llorando el cadáver del audaz Héctor, lo pusieron en lo alto de la pira y le prendieron fuego.”

Homero. La Ilíada.

Cuenta la tradición oral, esa que habla antes de ser escrita, que algunos de los dioses tomaron partido por los hombres cuando eran castigados por su actitud. Ahora que ya no hay dioses, sino hombres que se creen dioses, asistimos impasibles a la derrota de las ideas y de la palabra. La libertad, ese anhelado deseo de todo ser humano, está en peligro. Exponer hoy las ideas se ha convertido en un ejercicio de supervivencia. Se persigue y se castiga la libertad de expresión y se maldice la palabra misma. Quieren vaciar de contenido la protesta frente al sistema.

El hombre pierde la mitad de su alma cuando entra en servidumbre. Y a eso nos llevan. A una esclavitud ociosa y lejana, donde pienses que todo orden natural no puede ser trastocado. Para ello se valen de todos los resortes del estado. Un estado que ha dejado de estar al servicio del pueblo y solo está al servicio de un nuevo primer estado, creado de nuevo, para controlarnos a todos. El reloj de la historia ha vuelto atrás y nos sitúa otra vez en el absolutismo del poder. Ya no es el rey el que tiene el derecho divino, ahora son los gobiernos los que tienen ese derecho por las urnas, por la gracia del pueblo, que no de Dios.

Ahora ha vuelto el temor a hablar, a expresar en libertad. Los que sienten este temor hoy por expresar la idea huyen desconsolados, pero jamás alcanzarán la gloria porque no se ayudan entre sí. Y el negro manto de lo prohibido cubre hoy naciones enteras. Ya no quedan heraldos entre los hombres que nos hablen de derechos. Y las constituciones son papel oxidado en los estantes de los parlamentos. La primavera de los pueblos ha dejado paso a un terrible invierno.

Rencorosos están hoy los gobernantes con el que hoy reclama, mientras en la plaza dictan sentencias torcidas abusando de su poder y destierran la justicia, sin ningún miramiento, de la tierra. No hay nada más terrible que vaciar de contenido los derechos de los hombres. Ahora acotan los límites de lo que podemos expresar. El vértigo de perder siempre provoca llanto. Hoy el sabor de la derrota se derrama por las calles y por las casas. Es un sabor ácido, metálico, a veces caustico.

Ese sabor terrible es el mismo que tuvo Terencio Varrón el aciago día de Cannas. Los errores de los gobiernos influyen en las vidas de los hombres. A veces, los que señalan como grandes entre el pueblo sienten ese dolor. El mismo que tuvo el gran Aníbal cuando vio a Masinisa formar entre los enemigos el terrible día de Zama. Como lo sintió César en el senado de la antigua Roma cuando Bruto prefirió la libertad de su pueblo a la vida de su padre. Como lo sintió el rey Leónidas cuando aquel pastor anónimo lo traicionó y prefirió la esclavitud persa a la libertad griega.

Ningún hombre o mujer hoy puede eludir su destino, que no puede haber sujeción a una tiranía que nos habla llena de palabras vacías, provocando un sueño que es hermano de la muerte de la libertad.  Aletargan los recuerdos porque saben que ahí radica el peligro de hacer historia comparada. Nada hay menos humano que quitar el libre albedrío a los pueblos. Ahora hunden enormes clavos en la carne, allí donde nos crucifican en maderos. Para que demos ejemplo de que el mensaje de la libertad debe ser aniquilado.

Crean una necesidad y le llaman deseo. Tapian con muros altos los jardines por donde paseaba descarnada la pasión de una vida mejor. Ya no hay vida sobre vida. Ya no hay recuerdos de que una vez tuvimos voluntad de ser libres. Cuando una generación florece, otra decae. Nuevos horizontes son trazados sobre el afán de construir algo a imagen suya. Pero no queda más que la derrota asomando los huesos desnuda, caminando entre nosotros como un armagedón que viene anunciado. Nadie se levanta para reclamar derechos, para denunciar la corrupción o la bota del soldado de invierno vendrá a reclamarnos a todos.




1 comentario:

  1. Barreda, de forma poética, describe la tragedia de nuestros días :ya no es el puñal, sino el dinero, el que silencia a quien se atreve a denunciar la corrupción del poder. Recordando a un personaje de García Márquez, " los políticos ni siquiera están ahí por el poder, sino por el empleo". En una sociedad como la andaluza, en la que la Junta es la mayor empresa, nuestros diputados han encontrado en el Parlamento su única forma de vida. Por este motivo, las Cinco Llagas son un confortable aprisco, en el que el se oye un insoportable silencio, mientras el pueblo - durante 40 años - es llevado al matadero de la sumisión.¿ LIBERTAD? Sólo demagogia, pagada con el precio de la miseria de un pueblo resignado y de unos pastores que no conocen otro pasto para sus corderos que el de su propia nómina

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